martes, 24 de abril de 2012

HOLANDA


        HOLANDA
       (Neederland)
Mi viaje a Holanda tuvo lugar durante el mes de agosto de 1998. Su duración fue de una semana, tiempo suficiente para pasear por la ciudad de Amsterdan y hacer excursiones por las ciudades más importantes de este país.
AMSTERDAN, agua por todas partes, jardines y bicicletas.
Fue un viaje sin organizar nada, solamente tenía contratado el Hotel Intel, un lugar céntrico y agradable, desde el que podías visitar los lugares más interesantes de la ciudad, además de estar rodeado de múltiples restaurantes y cafeterías donde poder tomar cualquier cosa para comer o cenar a buenos precios. 
La capital de Holanda es una ciudad tranquila. Sumamente agradable porque está surcada por múltiples canales, con aguas tranquilas y barcas que se deslizan por sus  aguas, edificios de construcciones decoradas y elegantes, verdes jardines llenos de flores por doquier y muchas, pero muchas, bicicletas. Gente con traje elegante, mujeres y hombres mayores, todo el mundo va en bicicleta. Este detalle es uno de los que más llamó mi atención de esta ciudad, por no hablar de los parkings de este ecológico vehículo: cientos de ellos y por todos los rincones, guardando miles de bicicletas. Un enjambre que te hacía  pensar “quien haya dejado su bicicleta por el medio de esta multitud ¿podrá acceder a ella?. Es increíble, nunca en mi vida había visto tantísimas bicicletas juntas, aparcadas en una ciudad.
Pasear por esta ciudad tiene mucho encanto. En cualquier banco que te sientes, puedes disfrutar de sus canales, que forman curiosos círculos concéntricos que la envuelven. Miles de puentes los cruzan y muchos de ellos se iluminan por las noches creando un bello y mágico espectáculo. También es algo típico de aquí, encontrar amarradas barcas en las orillas de los canales que resultan ser viviendas, es decir, casas flotantes, algunas de ellas decoradas con alegres pinturas, que forman barrios de lo más original en algunos tramos escondidos de estos ríos.
Lugares específicos que merece la pena visitar en Ámsterdam son: la Plaza Dam, con el Monumento nacional y el Palacio Real; la casa donde vivía Ana Frank; Torre de Montelban; el mercado flotante de flores sobre el rio Singel  y el museo de Van Gogh.
LA HAYA y  Madurodam 
Se puede recorrer todo el país en autobús en poco tiempo. El paisaje es muy bello porque está plagado de prados verdes y de campos llenos de flores. Aquí encontramos muchos con sus emblemáticos tulipanes. También se puede ver molinos con sus aspas al viento y ciudades también muy bonitas, con sus canales pero en pequeño, como Delft.
De La Haya apenas puedo recordar nada porque el paseo fue todo dentro del autobús y la única parada la hicimos frente a las magníficas verjas del Tribunal Internacional de Justicia, al que no pudimos entrar pero del que pudimos admirar sus cuidados jardines y al fondo el famoso palacio que alberga este organismo oficial.
Cerca de esta ciudad, se puede visitar el gran parque temático de Madurodam, donde puedes pasearte entre bellos edificios y monumentos, fieles reproducciones de los originales, pero  que te quedan a la altura más o menos del  ombligo. Yo, como amante que soy de las miniaturas, disfruté como una niña.
El viaje, tanto de ida como de vuelta, fue en autobús. Un poco pesado pero lo resistí perfectamente. 
La EMOCIÓN más destacada ligada a Amsterdan: admirar la obra de Van Gogh, mi pintor preferido. 

GRECIA


       GRECIA

A Grecia solamente he ido en una ocasión y aprovechando las vacaciones de una semana por las Navidades. Fue en el año 2006.
Era un viaje organizado, en el que teníamos incluido el avión, el hotel y dos excursiones: una a Delphos y otra a las Islas del Golfo Argosarónico (las más cercanas a la ciudad de Atenas).
El avión salía desde Madrid, por lo que decidimos ir en coche hasta allí y dejarlo estacionado en el parking de larga estancia que hay cercano al aeropuerto. Desde ese parking salen cada pocos minutos autobuses que te llevan al aeropuerto, a la terminal 2 y de allí mismo sale otro autobús (salen continuamente) que te lleva a la terminal 4, desde la que salía nuestro avión.
Como llegamos con tiempo, todavía nos acomodamos para comer unos sandwiches en esta nueva terminal que está muy bien y que es grandísima.
A las 6,30 de la tarde en punto, tal y como estaba previsto, salió nuestro avión. El vuelo duró 3 horas y veinte minutos, sin problemas, salvo algunas fuertes turbulencias cuando nos acercábamos a la ciudad de Atenas, pero nada más digno de mención.
Cuando aterrizamos, cambiamos la hora porque en Grecia se cuenta una hora más que en España. Nos esperaba en la terminal una empleada de Iberojet porque teníamos contratado el trasporte ya que el aeropuerto está a 40 Km. de Atenas y un taxi podía salirnos muy caro (precio similar al de España pero además hay que dejar propina).
ATENAS y la Acrópolis
Llegamos ya de noche al hotel Eurípides, un hotel de clase turista pero que tiene las comodidades necesarias, aparte de que desde la terracita de la habitación se divisaba una bonita vista de la Acrópolis iluminada, lo cual a mí me pareció que era un verdadero lujo y me sentí de lo más contenta (a pesar de que en la habitación hacía frío y que no conseguimos hacer funcionar la calefacción).  
La zona en donde está ubicado el hotel es céntrica pero   las calles que lo rodean deben acoger muchos inmigrantes porque hay gran cantidad de tiendas (algunas de ellas me llaman la atención porque parecen almacenes llenos de cachivaches sin ningun orden) y restaurantes en donde se ve que los dueños son de otros países y se escucha música exótica por todos los rincones. 
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos en el restaurante del hotel, pudimos observar que también teníamos buenas vistas hacia la Acrópolis y de la extensa ciudad de Atenas.
Hacia el monte de la Acrópolis es a donde nos dirigimos ese primer día de viaje. Llegamos caminando desde el hotel y sin problemas pero sentimos una gran decepción cuando vimos que la entrada (Propileos) estaba llena de andamios. Cuando la traspasamos nos encontramos enseguida el famoso Partenón, también con andamios y enseguida vimos el famoso porche de las Cariátides (una copia porque las auténticas están en un museo allí mismo, muy protegidas). Hacía un frío y un viento muy desagradables pero eso no iba a estropearnos la visita a un lugar tan emblemático. Las vistas de la ciudad de Atenas son impresionantes desde cualquier ángulo en el que te sitúes. Ciudad muy blanca y extensa con ruinas de su rico pasado por doquier.
Cuando descendimos de la Acrópolis, lo hicimos por unas callecitas estrechas y llenas de escalinatas. Estábamos en el barrio antiguo y una parte de él se conoce por el nombre de Plaka,  donde hay montones de restaurantes y tiendecitas de souvenirs. Allí probamos algunos platos típicos griegos como la musaka (berenjena, carne y bechamel) y una crema de queso con ajo (¿?) que estaba buenísima para untar en el pan mientras esperábamos la comida.
Por la tarde nos dedicamos a pasear por las calles más céntricas de la ciudad. Las plazas más famosas son la de Omonia (que significa Concordia), que está muy cerca del hotel y que no tiene nada de particular. Es una plaza como la de cualquier ciudad europea.  La plaza Sintagma (significa Constitución)  ya es más original porque en ella está el Parlamento (un gran edificio de color crema).
Los otros días que pasamos en la ciudad de Atenas, visitamos el Templo de Zeus, a los pies de la Acrópolis, y muy cerca de él encontramos el Arco de Adriano, del siglo II d.C. que separaba la ciudad vieja de la nueva.
Visitamos también el Museo Arqueológico Nacional, que posee obras de gran valor, como la figura de Poseidón, en bronce.
Volvimos en varias ocasiones más a la Acrópolis porque cuando sacamos las entradas nos dijeron que eran válidas por cuatro días y visitamos el Ágora, el Areópago, museos, iglesias del recinto y el templo de Hefesto, que se encuentra en un magnífico estado de conservación.
Islas del Golfo Argosarónico : HYDRA, POROS Y EGINA   
Teníamos contratado un día entero de excursión por estas islas, para la que nos recogían en el Hotel para llevarnos hasta el puerto de El Pireo, que se encuentra a media hora de trayecto.
Desde que subimos al barco, todo era una fiesta. Gente muy simpática, te ofrecen música y te enseñan a bailar el sirtaki. Yo salí voluntaria con el grupo que estaba aprendiendo y me lo pasé muy bien.
Después de 3 horas de navegación, llegamos a la isla más alejada de las 3, Hydra. Es una isla preciosa, llena de vegetación y de montañas. Hay gente que sube en burritos hasta lo más alto para ver unas vistas que dicen que son magníficas. Nosotros nos quedamos paseándonos por las bonitas y estrechas calles porque no nos apetecía cargar a los pobres animales.
Tras una hora de tiempo libre por la isla, subimos al barco y vimos que ya teníamos preparadas las mesas para comer. Las mesas muy coquetas, con sus florecitas y todo y música todo el tiempo para acompañar. Después de comer, mientras mis compañeros de viaje daban una cabezadita, yo me subí a cubierta para admirar el mar y las numerosas islas que íbamos dejando a ambos lados. Hacía una buenísima temperatura porque el sol calentaba a pesar del aire fresquito que es normal en esta época del año. Este rato nosobrepasó una hora porque enseguida se divisó, a lo lejos, nuestra siguiente parada: la isla de Poros.
Esta isla, que es muy bonita también, tampoco nos dió tiempo de llegar a conocerla porque la visita era breve y nos limitamos a pasear por el puerto y disfrutar del ambiente.
Volvimos al barco y llegamos pronto a la última isla: Egina.
Aquí teníamos contratado el conocido como “circuito clásico” que nos habían ofrecido en el barco y que cogimos porque es la única forma de poder aprovechar bien el poco tiempo que teníamos para conocer la isla.
En el mismo puerto nos recogían unos autobuses que nos llevaban por estrechas carreteras hasta el templo de Aphea. Y es una visita que merece la pena hacer porque, aparte de admirar las columnas de este antiguo templo, se divisan unas magníficas vistas del puerto del Pireo a través de pinos muy verdes y un mar muy azul. Tuvimos mucha suerte con el tiempo y disfrutamos enormemente todo el recorrido.
De vuelta de esta visita, paramos en un punto de venta de productos típicos de la isla, entre los que destacan los pistachos. La gente compraba bolsas como locos y yo me tomé un estupendo y grandísimo helado de eso, de pistacho.
Antes de regresar al barco, nos llevaron a un templo ortodoxo que nos dijeron que es centro de peregrinación para todos los griegos. Como todo este tipo de lugares, tienen sus reliquias y mucho fervor. Había también muy bonitas vistas desde las balconadas que circundan el templo.
De regreso al barco, tardamos un ratito en salir y allí tuve la oportunidad de darme un paseo por el muelle, admirando los cambios de color del cielo mientras se ocultaba el sol.
El viaje de regreso lo hicieron muy entretenido porque presentaron un espectáculo de variedades, con magia y humor y, al final, una pareja bailó el SIRTAKI con toda el alma, dejándome una honda impresión y un lamento: qué pena no haberlo podido grabar con una cámara de video. Qué fuerza tiene ese baile y esa música.
Esta excursión en barco por las islas del Golfo Argosarónico se la recomiendo a todo el que vaya a  Atenas para pocos días y desee disfrutar y ver algo más aparte de la ciudad.
El Oráculo de DELPHOS y el Monte Parnaso
Al día siguiente teníamos la segunda excursión contratada, que resultó tan buena o más que la del día anterior. La recomiendo también porque merece la pena sin duda.
El viaje en autobús ya merece la pena porque atraviesas lugares como Tebas (aunque no se puede ver nada de su rico pasado porque el pueblo de ahora se construyó sobre las ruinas del viejo), el lago Maratón y el pueblo de Arachova (muy bonito y con mucho turismo de nieve). A medida que te vas acercando al monte Parnaso, va ganando en belleza (mide más de 2500 m. y es el segundo más alto de Grecia) y se pueden ver sus cumbres nevadas.
Al cabo de 2 horas de autobús desde que salimos de Atenas, llegamos a nuestro destino: el Oráculo de Delfos.
Está dedicado al dios Apolo, hijo de Zeus. Un dios con un sentido de la ética que es toda una lección para la Humanidad porque él mismo se impuso el castigo por haber cometido una mala acción. De él son las famosas frases de “Conócete a ti mismo” y “Todo con mesura” que se encuentran esculpidas en sus muros y que se atribuyeron con el tiempo a Sócrates.
El Oráculo está situado en un lugar privilegiado, entre montañas, y tenía en la antigüedad un aura misteriosa, en realidad debida a la espesa niebla que solía envolverlo. A él acudían desde todos los puntos de Grecia para consultar a la sibila y a las pitonisas.
También en las paredes del templo se pueden observar inscripciones que son nombres de personas, esclavos liberados, porque esta era la forma de registro que utilizaban.
Después de bajar del templo, utilizando la Vía Sacra, llegamos al museo. Un museo moderno pero que contiene piezas de gran valor. La estrella es el Auriga de bronce, que impresiona por su belleza y perfectas condiciones de conservación. Es una figura tan perfecta, con una cara tan humana, que parece que te está mirando según en qué posición te coloques.
El día antes de nuestra partida, el 30 de diciembre, cuando íbamos paseándonos por las calles de Atenas, recibí un mensaje de mis hijos en el que me decían que había habido un atentado en el aeropuerto de Barajas. Entonces intentamos encontrar un cibercafé en donde consultar las noticias. No encontramos ninguno. Regresamos al hotel para que nos dejaran ver la TV del restaurante aunque a esa hora estuviera cerrado. Nada, no nos dejaron. Este último día lo recuerdo con desagrado porque encontré a toda la gente con la que nos topamos y pedimos el favor de que nos dejasen ver la TV, muy antipática y poco amiga de hacer un favor.  Aparte de todo está el problema del idioma.
Al día siguiente, día último del año 2006, regresábamos a Madrid y allí sí tuvimos la oportunidad de ver el gran desastre que había causado una bomba puesta por ETA. Los aparcamientos de la Terminal 4 estaban completamente derrumbados y nos enteramos de que habían muerto dos personas que estaban durmiendo en el coche. Una tragedia.
Cogimos nuestros correspondientes autobuses para que nos llevaran al parking de larga estancia en donde habíamos dejado el coche. Tras alguna parada para tomar algo, hicimos el viaje de regreso de una tirada. Nos dieron las 12 en plena carretera y celebramos el cambio de año tomando 12 almendras cada uno porque no llevábamos uvas y no queríamos parar porque la niebla que había por el camino no permitía ver nada absolutamente. La verdad es que fue un viaje muy peligroso y no tuvimos ningun percance gracias a la pericia del conductor. 



FRANCIA


                                                                                                                FRANCIA


He visitado este país en muchas ocasiones. Es lógico  porque es el paso obligatorio para cualquier viaje en coche o autobús hacia Europa.

Primer viaje

La primera vez que fui a Francia fue en el verano de 1972. También era la primera vez que viajaba al extranjero ¡y sola! Tenía 19 años y entonces no era habitual marcharse fuera a estudiar un idioma.
Mi paso por Francia era sólo eso, de paso, porque mi destino era Bélgica. Me había matriculado en un curso de Lengua y Literatura francesa en la Universidad Libre de Bruselas. No había tanta facilidad para volar como ahora y mi forma de llegar era en tren, vía París, a donde llegué después de un montón de horas de autobús.
PARÍS
Cuando llegué a Paris busqué alojamiento en albergues y residencias de estudiantes cuyas direcciones me habían facilitado en una entidad dedicada a ese tipo de cosas pero nada. No había ni una cama libre.
Allá que me voy yo con mi maleta paseando, para ver algo de Paris, al menos la tour Eiffel, que es lo más típico. Pensé incluso que me tocaría quedarme allí a dormir, en los parques (¡madre mía si se enteran mis padres de que duermo en la calle!). Así las cosas y en esas estaba, cuando conocí a dos chicos italianos, con los que estuve charlando un rato. Resulta que ellos también eran estudiantes que estaban allí por un tiempo y vivían en una buhardilla. Yo les conté lo que me había pasado y que me había quedado en la calle. Me ofrecieron un rincón en su espacio y la verdad es que me pareció que eran de confianza y me ayudaron con mi maleta hasta la casa donde vivían. Había que subir un buen tramo de escaleras que se hicieron eternas porque mi equipaje parecía pesar el doble.
Maldormí en una pequeña colchoneta pero siempre fue mejor que dormir en un banco de la calle. No comprendo por qué no me quedé su dirección para seguir contacto con ellos y agradecerles el detalle que tuvieron conmigo. También, pensándolo después, me dí cuenta de que tuve mucha suerte porque hubiera podido tener algun problema por ser tan confiada.
Al día siguiente cogí el tren que me llevaba a Bruselas.
Segundo viaje

Al terminar el curso en la Universidad Libre de Bruselas, volví en tren a Paris y ese mismo día tenía que tomar el autobús hasta Valencia.
No me daba tiempo de hacer mucho turismo, así es que desde la estación pensé encaminarme directamente al lugar de donde salían los autobuses hacia Valencia que sabía que estaba cerca. Apreciaría las calles y todo lo que pudiera ver en este corto recorrido y si, en la estación de autobuses había alguna consigna donde dejar mi maleta, podría dar alguna vuelta más por las cercanías.
Pues nada de esto resultó como esperaba. Yo sabía que los autobuses a Valencia salían cerca de donde yo estaba pero, no se que me pasó, que me perdí de la manera más tonta. Sin plano, empecé a dar vueltas y a pasar el tiempo. Comencé a preguntar pero la gente iba rápida a sus trabajos y ni se paraban a contestarme. Y, si me contestaban, casi sin pararse, me decían que no sabían, que lo sentían mucho. ¡Yo si que lo sentía! No sabía para donde tirar. No me quedaba dinero, no podía coger un taxi. Sólo tenía en el bolsillo mi billete de autobús que si lo perdía a saber cómo iba a conseguir yo  otro billete....en fín, que ya sintiéndome completamente perdida y sin saber que hacer, me senté sobre mi maleta y me puse a llorar. Un chico, un alma caritativa de esas que siempre hay por el mundo, se apiadó de mí y me preguntó qué me pasaba. Cuando le expliqué me dijo que no me preocupara, que él me acompañaba a la misma parada del autobús ¡nunca se lo agradeceré bastante! Si no hubiera sido por él lo mismo todavía estoy dando vueltas y vueltas como una peonza por esas inmensas calles llenas de gentes apresurada.

Tercer viaje

PARIS y su vida bohemia.
Volví a Paris el año 1977, durante mis vacaciones de verano. Era una visita tipicamente turística : paquete de avión y hotel. Los recorridos por cuenta propia.
No recuerdo nada en especial de esta visita porque entonces no llevaba ni cámara de fotos ni compré apenas postales.
Sé que lo que más me gustó fue el barrio de Montmartre, con sus artistas por todas partes pintando cuadros. Me impresionó la basílica del Sagrado Corazón (Sacré Coeur) y la magnífica vista de Paris que se podía disfrutar desde allí.
Naturalmente visité nuevamente la Tour Eiffel y el museo del Louvre, pero no tengo especiales recuerdos de ese viaje de hace más de 30 años, excepto la profunda impresión que me produce siempre ver en  directo obras de arte que he admirado solamente en los libros y en reproducciones, muchas veces de dudosa calidad. 
En esta visita cargué con un montón de reproducciones bastante buenas  (naturalmente entre ellas estaba la Gioconda y algunas obras de Van Gogh y Degas) para decorar mi casa.

Cuarto viaje

Fue en el año 2001. El motivo fue regalárselo a mi hija Ana, quien tenía muchos deseos de conocer Paris y teníamos la oportunidad de que nos prestaran un pequeño apartamento en pleno centro de París por un pequeño alquiler.
El viaje fue en coche y el trayecto fue agradable porque hicimos varias paradas y conocimos algunas ciudades francesas y sus paisajes (no sólo existe París).

AVIGNON y el famoso puente de la canción :
Es una bonita ciudad, con callejuelas estrechas medievales y restos de murallas. El famoso puente ahí está (se llama pont de Saint Benezet) y le cantamos la canción (sur le pont d´Avignon ...). 
Visita obligada es la del palacio de los Papas, que se encuentra en perfecto estado de conservación y que merece la pena recorrer.

PARIS y sus múltiples atractivos

Encontramos sin problemas la dirección del apartamento (rue Antoine Boundel, en el barrio de Montparnase) y pudimos aparcar cerca. Por fuera parecían unos pisos muy modernos pero, cuando entramos, nos dimos cuenta de que eran casas antiguas: había un patio grande interior, con muchas plantas y de allí partían las escaleras a los apartamentos, sin ningun ascensor.
Subimos un par de pisos por estrechas escaleras y llegamos a nuestro apartamento. Nada más abrir la puerta nos sobresaltamos: era una miniatura. Ahí estaba claro que apenas cabíamos.
Nos armamos de valor y ahí que nos metimos. El problema estaba en que apenas podíamos movernos.
Al final, recogiendo algun trasto por aquí, dejando las maletas debajo del sofá y alguna otra cosa por allá, pudimos sentarnos en el sofá que hacía las veces de cama.
Otro detalle era el cuarto de baño que de eso (de baño) no tenía nada. Era un mini lavabo donde no cabía una persona. Era mucho más pequeño que el de los aviones.
En realidad, los baños más amplios estaban fuera del apartamento, un piso más arriba. Uf! Era un poco incómodo pero bueno, a todo se acostumbra el cuerpo.
Todo esto fue un poco decepcionante pero en cuanto nos acomodamos y nos hicimos a la idea de que teníamos que pasar allí todo el tiempo, salimos a dar una vuelta por los alrededores. Nos cayó una tremenda lluvia que nos caló hasta los huesos y pronto regresamos al minipisito.
Los siguientes días ya fueron más agradables. Nos habíamos acostumbrado al poco espacio y decidimos amoldarnos a lo que teníamos y disfrutar. Y desde luego que disfrutamos.
Ana estaba obsesionada con el río Sena, así es que paseamos por este lugar de todas las formas posibles : por la mañana, por la noche, en bateau mouche, en fín, vimos el  rio casi todos los días. Desde el barquito pudimos ver la silueta de la Tour Eiffel y nos bajamos en esa parada para verla de cerca.
Visitamos el Louvre, por supuesto, y el museo D´Orsay donde se podía disfrutar de la mejor pintura impresionista.
Paseamos por Montmartre y llegamos hasta el Sagrado Corazón (Sacré Coeur). Divisamos la imponente vista de Paris que se disfruta desde esa colina y volvimos a bajar para seguir paseando por la ciudad.
Visita agradable también fue la de la catedral de Notre Dame, por delante y por detrás, parándonos en los bellos jardines que se encuentran en esta última parte. Esta catedral se encuentra en la isla más grande del Sena y merece la pena verla desde algunos de los puentes que llevan hasta ella porque de esa forma muestra su gran majestuosidad, no perceptible si se ve solamente la fachada principal.
Otros lugares que visitamos : 
-Campos Elíseos, impresionante paseo de casi 2 Km. que une el Arco del Triunfo con la plaza de la Concordia (donde se encuentra el monolito de Ramses II).
-Jardines de las Tullerías, a continuación de la plaza de la Concordia, dando paso al museo del Louvre.
-el Ayuntamiento, la Madeleine, la Opera, la Conciergerie, el centro Pompidou... Paris es un lugar en donde no se acaban nunca los lugares por donde pasear y admirar.
Y uno de los lugares donde más difrutamos: Le bois de Boulogne, con buenísimas sombras bajo los árboles, estanques y rincones donde descansar tumbadas en el césped. Este fue uno de los lugares preferidos por Ana de todo Paris (junto con el Sena). 
Pasada la semana en París, regresamos en coche y con la esperanza de poder encontrar a mitad de camino algun hotel de carretera donde descansar. Pues no encontramos ni una sola habitación, por lo que regresamos de una tirada a casa.

Quinto viaje
Este viaje lo hice en agosto del año 2004. Tengo un recuerdo mucho más completo que de otros viajes anteriores porque en éste ya empecé a escribir un pequeño diario (además de tener ya una cámara de fotos sencillita).
 Fue un recorrido en el coche de mi amiga Mª Angeles, conduciendo ella y acompañándonos Jose Navarro, un compañero del máster de Psicoanálisis.
El objetivo era llegar hasta el Mont Saint Michel, habiendo recorrido antes toda la zona de la Bretaña francesa.
El coche en el que viajábamos era grande (tipo furgoneta) porque llevábamos hasta Lourdes a una familia que conocía Mª Angeles y que habían pasado unas vacaciones en su casa de la playa. La familia estaba compuesta por la madre (embarazada), dos niñas adolescentes y un niño de pocos años. La madre y el padre de los niños eran de Congo y de allí los conocía Mª Angeles, pero ahora vivían en París.
Salimos un viernes de madrugada y, después de conducir toda la noche, pasando por Lérida, Huesca, Jaca, Candanchú, Canfranc y puerto de Somport, llegamos al mediodía a 
LOURDES sus montañas y peregrinos
Atravesamos los Pirineos y llegamos a Lourdes. Allí almorzamos toda la trouppe y luego llevamos a la familia al tren. Ya solos los tres amigos, nos dirigimos a buscar un hotel o pensión donde pasar la noche.
Me gustó esta pequeña ciudad porque está rodeada de montañas y de verdes bosques.
Es increíble la devoción que despierta y la gran cantidad de fieles católicos que vienen a rendir culto a la virgen en su basílica y en la gruta donde dicen que se apareció.                     
No deja de ser impresionante observar el fervor de la gente y la gran cantidad de enfermos que en sus sillas de ruedas, muletas, o como pueden, van en procesión y rezando.
Ver tanta devoción nos inspiró un apasionado debate sobre la religión y el interés político, es decir, hablamos de los inicios del cristianismo a partir del Concilio de Nicea, en donde se declaró a Jesús de Nazaret hijo de Dios. 

La región que atravesamos después de dejar Lourdes fue la de las LANDAS, de bellísimos bosques, plagados de esbeltos pinos que casi se tocan entre ellos. Y así durante más de 50 Km. una belleza, con zonas de acampada libre y muy buenas carreteras bien señalizadas. 
Tomamos un desvío y llegamos hasta el estanque de ARCACHONE, zona verde y muy agradable, que nos encaminaba ya hacia la Bretaña por la costa. Por esta zona nos perdemos pero da igual porque llevamos comida y buen ánimo. Paramos en un lugar muy bonito para comer, a orillas del rio Garona.

Recorrido por la costa oeste francesa hasta llegar a La BRETAÑA :
Los lugares más dignos de mención que recuerdo son :
-BLAYE, una pequeña ciudad con una ciudadela (s. XVII) en perfecto estado y en cuyo interior, para nuestra sorpresa, había un camping municipal y allí pasamos una noche  bajo una tormenta de agua, truenos y relámpagos (llovió a cántaros y no nos empapamos de milagro).
Antes de meternos en la tienda a dormir, dimos una vuelta por los altos de la ciudadela para admirar el paisaje que se observa del estuario del río Garona (Gironde). Hay puntos en donde sufrí mucho vértigo porque era mucha la altura y no había ningun tipo de protector o barandillas.
Nos dirigimos hacia Carnac y decidimos pasar por un puente que le habían recomendado a Mª Angeles porque desde lo alto se ven buenas vistas y atraviesa el río Loira. Es el puente de Saint Nazaire y nunca me olvidaré de él porque pasamos un buen susto.
-puente de Saint Nazaire, en la desembocadura del rio Loira
Llegamos en un momento de atasco descomunal de tráfico. La entrada al puente era un carril que iba cogiendo altura. Teníamos que ir en primera todo el rato porque no se podía avanzar más rápido y el coche necesitaba toda la potencia por la cuesta. Pues bien, cuando estábamos más o menos a mitad de esa subida y sin posibilidad de pararnos en un arcén ni volver atrás, empezó a salir humo del motor de nuestro coche. Mª Angeles empezó a preocuparse pero sabía que tenía que seguir. Para colmo, el freno de mano no iba bien y tenía que mantenerse forzando el coche con una marcha mientras estábamos parados en la cuesta.
 Jose empezó a darle instrucciones y a ponerla nerviosa. Yo, como veía que no había solución y que teníamos que seguir hacia delante, me puse los auriculares para escuchar música relajante y me alejé mentalmente de este lugar. Tuvimos suerte y pudimos llegar a la parte superior del puente. Luego, todo era bajada y ya más fácil. En cuanto dejamos el puente, paramos un buen rato hasta que el coche se enfrió y luego, seguimos hasta Carnac, pensando en arreglar allí el coche y quedarnos a dormir.
-CARNAC, la ciudad con 4000 menhires, dólmenes y  montículos, que datan del Neolítico (entre 5000 y 2000 años antes de la era cristiana), es un lugar muy visitado pero no sólo por esta circunstancia sino porque está situada en un lugar privilegiado y muy cerca de una playa preciosa en plena bahía de Morbihan. Por esto es por lo que nos cuesta encontrar alojamiento pero, al final, nos informan de una pensión-casa rural que está a las afueras del pueblo y allí tenemos suerte y hay alojamiento. Pudimos dormir bien pero el cuarto de baño estaba fuera de la habitación y además hubo tormenta desde las 5 de la madrugada.
Paramos en un taller para que nos revisaran el coche y resultó que no era nada grave (un problema de aceite) que resolvieron en seguida y que apenas nos costó nada.
El resto del viaje no trajo sobresaltos. Sólo algun enfado que otro porque Jose y Mª Angeles se pasaban el tiempo discutiendo por las carreteras, los itinerarios, la forma de conducir, en fín, esas cosas que a los hombres les gusta controlar. Yo iba siempre en la parte de atrás del coche, muy cómoda, con mis auriculares y escuchando música, viendo paisajes y mirando los libros del viaje. Iba estupendamente y así fui todo el viaje, a pesar de que a veces Mª Angeles amenazaba a Jose con que lo iba a mandar a la parte de atrás y que yo pasaría delante. Menos mal que no cumplió sus amenazas.
Pero, en general, había armonía, charlábamos, dormíamos donde podíamos, unas veces en camping, otras en pensiones, otras en hoteles baratitos; comíamos generalmente de lo que llevábamos en nuestra nevera porque, como el coche era tan espacioso, llevábamos de todo y comprábamos en los supermercados, parando a comer en bosques o prados donde veíamos mesas y bancos de madera. La verdad es que íbamos bien organizados y el viaje salió baratísimo.
Antes de salir de Carnac visitamos los famosos alineamientos de Menhires, famosos en todo el mundo y que son impresionantes por su antigüedad  y los misterios que encierran.
Seguimos por la costa y llegamos a 
-LOCMARIAQUER, muy cerca de la ciudad anterior y también disfrutando de una playa magnífica y una vida marinera. Desde este bonito lugar tomamos una barca que nos acercó a una isla preciosa, verde y llena de pinos: la isla de los Monjes (Ile aux Moines), la mayor isla del golfo de Morbihan. 
Paseamos por esta agradable isla, subimos hasta lo alto de una colina y admiramos unas bellísimas vistas de mar y de un  intenso azul en el cielo que contrasta con el verde de la tierra salpicada de pinos. Todo muy bien, pero cuando regresamos al barco, empieza a estropearse el día y hay oleaje, con lo que Mª Angeles empieza a tener miedo porque todavía no ha superado su fobia al agua.
Tenemos que recoger el coche empapados y recorrer Km bajo la lluvia. La idea es dormir en VANNES, una ciudad grande en donde empezamos a visitar pensiones y hoteles pero no hay ni una habitación. Tenemos que volver a coger carretera, fijándonos en los carteles que podamos encontrar sobre alojamientos. Bajo la lluvia es difícil y, como no podemos plantar la tienda, pensamos en maldormir en el coche. Pero, al final, tenemos suerte y llegamos al pueblo de Elven, en donde sí hay  habitaciones en un hotel-bar muy raro. No sabría explicar por qué pero pasamos un poco de miedo porque encontramos muchos detalles raros y sin explicación (montones de zapatos por todos los rincones, por ejemplo).  Al final pudimos dormir bien sin sorpresas y bajo el golpeteo de la fuerte lluvia sobre el tejado.
Por la mañana salimos temprano buscando dirección Rennes. La carretera muy buena, es autopista pero sin peaje.
Buscando restos megalíticos, entramos en un pueblecito llamado THEIL, en donde admiramos una bonita iglesia con flores por todas partes y aprovechamos que pegados a la fachada (cosa que nos sorprende mucho) hay unas toilettes que, por cierto, están muy sucias, las más sucias que habíamos visto nunca y, claro, no hicimos uso de ellas.
 Seguimos hacia lo que se conoce como ROCHE AUX FEES o roca de las hadas, en donde admiramos unos Dólmenes (monumentos funerarios) envueltos entre grandes árboles. Allí hay montones de mesas y troncos de madera donde poder parar a comer. Pero no era nuestra hora y seguimos nuestro camino, pasando por pueblos muy bonitos, llenos de flores, como Retier.
Llegamos a una ciudad grande:
-RENNES : aquí tenemos la suerte de aparcar en la mismísima puerta del Teatro Nacional de Bretaña. Salimos a pasear por los alrededores de donde aparcamos el coche y vemos que hay muchos parques y llegamos a uno en donde está el palacio de S. George y en cuya fachada se puede leer el nombre de Madelaine de la Fayette.
Volvemos a coger el coche y nos dirigimos a buscar un lugar donde comer.  
-HEDÉ, este es un lugar precioso, donde paramos a comer en una zona de camping y, luego, paseamos por bosques frondosos  atravesados por un canal en el que se han construido 11 exclusas y en las que se ve trajinar a las gentes de los barcos que quieren salir a navegar. Pasamos un día entero, haciendo amistad con los dueños de un barco en el que estuvimos a punto de embarcarnos pero no nos atrevimos por miedo a dejar el coche sin vigilancia.
Siguiendo en la carretera, pasamos por muchas ciudades y pueblos muy agradables, buscando ya donde dormir.
-SAINT-SOULIAC es un pueblo de pescadores, con redes en las fachadas de las casas, con vistas preciosas y aquí deseamos quedarnos pero no encontramos ningun alojamiento. Salimos del pueblo y vemos el anuncio de un camping en DINART y allí nos dirigimos. Plantamos la tienda y bien caro que lo pagamos, pero no pudimos pegar ojo porque había fiesta (con karaoke) toda la noche, aparte de que llovía a cántaros y sin parar. 
- SAINT MALO (lugar de vacaciones muy famoso y con una playa rocosa y puerto que se puede admirar desde lo alto de las torres y murallas que lo bordean).
De todo el recorrido que hemos hecho hasta llegar aquí, lo que más me llamaba la atención era que allá donde mirases veías bosques, casas adornadas con muchísimas flores, con ventanas y puertas pintadas de azul, pueblecitos con pequeñas y sencillas iglesias rodeadas por un cementerio en el que se adivinaba que descansaban felizmente las gentes del pueblo, faros de los de toda la vida, rocas y mares inmensos, acantilados.....mucha belleza.
Y al fin, nuestro destino :
-MONT SAINT-MICHEL
Entre Bretaña y Normandía, ésta era nuestra meta y, aunque me gustó y hay que decir que es una verdadera maravilla, después de haber visto tanta belleza, ya no me sorprendió. Además, nos costó llegar una inmensa cola de coches y en los aparcamientos horas de vueltas. El gentío que había por sus calles era increíble y así, la verdad, no se puede saborear nada.
Nisiquiera subimos  a visitar la abadía y nos limitamos a quedarnos dando vueltas por el pueblo, conservado con su auténtico aire medieval pero, eso sí, en vez de casas de normandos, todo era tiendecitas de souvenirs repletas de clientes.  Seguramente volveré en otra ocasión, a ver si hay menos gente y puedo visitar el famoso claustro aéreo, suspendido entre el cielo y el mar.
  Salimos del lugar, con mucho trabajo por la gran cantidad de gente por todas partes y, por esta zona compramos las famosas galletas de la tierra que están deliciosas.
En la carretera ya, nos dimos cuenta de que íbamos sin luz de cruce, por lo que decidimos buscar un taller mecánico en el primer pueblo que encontráramos.
Lo encontramos en Cholet y allí nos arreglaron las luces pero sin cobrarnos nada. ¡Qué gente más amable! Yo le digo a Mª Angeles que es porque ella es muy simpática y cae  bien a la gente.
Con el coche ya en regla, seguimos carretera de bajada hacia España, buscando un sitio donde pasar la noche. Tuvimos suerte y encontramos un hotelito, con buenas vistas y todo muy agradable, se llamaba hotel Montespan, en el pueblo de Lussac les Chateaux. Aquí si que dormimos bien, sin lluvia y con comodidades para el aseo personal. A la mañana siguiente, carretera y llegamos a  
-CARCASONNE, la ciudad fortificada de los Cátaros.
Se encuentra en el sur de Francia, en la región de Languedoc-Rosellón.
Merece la pena hacer una parada en este lugar, por su famosa y bien conservada doble muralla, con sus potentes torres, que abrigan una ciudad medieval digna de visitar. Fuera de las murallas se extiende la población nueva que se fue construyendo para albergar a la población creciente.
El problema que encontramos fue la gran cantidad de turistas, lo que nos supuso una tremenda dificultad para encontrar aparcamiento, cosa que al final logramos en un parking a tope pero conseguimos un hueco. Salimos de aquí y nos dirigimos hacia el recinto amurallado que es una maravilla.
En la ciudad que hay dentro encuentras sobre todo puntos de información de turismo, tiendas de souvenirs y bares muy acogedores. Entramos a tomar una cerveza fresca (porque hacía un calor insoportable) en un lugar con una gran terraza a la sombra de un  castaño inmenso con 300 años  a sus espaldas. Seguimos dando un buen paseo y admirando el perfecto estado de las murallas, hasta que nos dimos cuenta de una gran humareda en el horizonte, coincidiendo más o menos con el lugar donde teníamos aparcado el coche. Pero la gente no parecía inmutarse. Aún así, nosotros si nos apresuramos y, a medida que nos acercabamos al aparcamiento, nos dimos cuenta de que el fuego estaba localizado en el monte. Una verdadera pena que se quemen tantos árboles. La tragedia de todos los veranos, el fuego. Cogimos el coche y comenzamos a buscar ya la carretera para tomar la autopista hacia Barcelona. Hubo una pequeña discusión porque Mª Angeles y yo preferiamos pagar peaje y Jose pensaba que no hacía falta. Ganamos nosotras por mayoría y cogimos la autopista, con lo que ya no íbamos a encontrar sorpresas. En un punto de descanso, sacamos nuestra neverita y bolsitas varias para cenar comodamente sobre una mesa de piedra con sus correspondientes asientos también en piedra. Era nuestra última cena. El viaje se acababa.
Dejamos a Jose  y llegamos a Puzol sobre las 2 de la madrugada y, ya casi en casa y después de tantísimos Km. (casi 4000) sin sufrir un accidente, un coche con unos imbéciles dentro, se saltó un semáforo y casi nos chocamos.
Y el broche de oro del viaje fue que tuvimos que saltar la valla para entrar en la urbanización donde Mª Angeles tiene su apartamento porque no encontraba las llaves, cosa que le ocurre muy amenudo y que era también motivo de discusión entre ella y Jose porque cada vez que íbamos a entrar en el coche, ella no encontraba las llaves. Y así terminó el viaje, partidas de risa y tan bien como lo empezamos.

Sexto viaje
Fue una visita de paso, en un viaje a Italia, que nos obligaba a atravesar Francia. El lugar en donde paramos a dormir y pasamos algunas horas fue la ciudad de MARSELLA, de la que no recuerdo nada en especial.

Séptimo viaje
También fue una visita de paso en otro viaje a Italia. En esta ocasión la ciudad donde paramos fue 
NIZA, capital de la costa Azul.
Es una ciudad agradable pero demasiado turística.
 Lo más conocido de ella y el lugar por el que caminamos fue por el famoso paseo de los Ingleses, que tiene una longitud de 5 km. y te lleva en todo momento por la orilla del mar de un lado y por el otro majestuosas mansiones, palacetes y hoteles de lujo.

Octavo viaje
Fue en marzo de 2009, con motivo del crucero que hicimos por el Mediterráneo, por tener un puerto en territorio francés : VILLEFRANCHE.
Se trata de una pequeña ciudad muy agradable y que merece la pena pasear. No pudimos hacerlo porque preferimos aprovechar la excursión que se hacía a Mónaco y no tuvimos tiempo pero se veía deliciosa, llena de jardines y terrazas con vistas al mar, con un puerto tranquilo, en el centro del cual reposaba nuestro barco, al que nos llevaron en lancha. 

Noveno viaje

En abril de 2011 embarco en un crucero en el barco Grand Celebration (Ibero Cruceros) acompañando a mi hermana Charo que estaba ilusionada por hacer un viaje de este tipo. El recorrido era Valencia-Marsella-Ajaccio-Ibiza-Valencia y la duración era de 5 dias.
La excursión a MARSELLA consistió en unas horas de visita panorámica de la segunda ciudad en importancia de Francia, una ciudad llena de obras y sin atractivo especial. Lo más interesante fue ver el puerto desde el alto que permite la subida a una pequeña iglesia y el fuerte de San Víctor. Para llegar aquí hay que subir una considerable escalera.
Pero lo mejor de todo fue la subida a la Basílica de Notre Dame de la Garde, que está en lo más alto de la ciudad y desde la que puede verse una panorámica de todo el lugar, hasta incluso la isla de If, que inspiró el lugar donde estuvo encarcelado el protagonista de la novela El Conde de Montecristo.
Además de las bonitas vistas de esta basílica de arquitectura muy peculiar (que el guia nos describe como tipicamente marsellesa) puede apreciarse en su interior muy bellos frescos de estilo bizantino y pequeños barcos colgados de sus paredes como ofrenda de los pescadores.
La vida de la ciudad gira alrededor del puerto y hay un bonito paseo que bordea el agua y los yates amarrados, por donde se puede pasear o tomar algo en las múltiples terrazas de los bares.
AJACCIO, la capital de la isla de Córcega (región autónoma de la Francia continental) es un lugar tranquilo, cuyo recorrido hacemos en una visita panorámica por sus calles, la principal llamada Napoleón, como no podia ser de otra manera,  y donde los puntos de interés más importantes están relacionados con la figura de Napoleón Bonaparte: la gruta donde se refugiaba, el monumento erigido en su honor y que es una réplica de la de su tumba en Paris, su casa natal, el panteón donde reposan los restos de su familia, la plaza que desemboca en el puerto…. Su nombre está por todas partes, avenidas, tiendas, cafeterías, a pesar de que los corsos más nacionalistas no le tienen mucho aprecio, pero el turismo se impone.
Muy interesante fue el paseo por las afueras de Ajaccio, con agrestes costas y vegetación mediterránea, sin excesivas construcciones turísticas, llegando hasta un punto desde el que podemos hacer un pequeño paseo y disfrutar de la vista de las islas Sanguinarias.
Finaliza la excursión con una degustación  de productos típicos (vino, queso, embutidos y dulces) y, bajo una lluvia respetable bajamos hasta nuestro barco tras una breve parada para ver la pequeña catedral y admirar las murallas de la antigua ciudadela.

                                      - - - - - - -

La EMOCIÓN más intensa experimentada en este país ha sido la de poder admirar de cerca los originales de las obras de arte que desde hacía años veía en libros y reproducciones. Ver de cerca la venus de Milo, la victoria de Samotracia y cuadros como el de la Gioconda de Leonardo y la iglesia de Auvers  de Van Gogh, fue algo inenarrable.
Esto en cuanto a los viajes a Paris.
El viaje a La Bretaña fue cuenta aparte porque tuvo un sabor de aventura al no tener planificado el recorrido, ir con tienda de campaña por no saber donde íbamos a dormir cada noche y dejarnos llevar por el instinto de ver y decidir en el momento. Todo el viaje fue muy emocionante por ese toque de sorpresa que podías encontrarte cada día. 





domingo, 22 de abril de 2012

FINLANDIA






Primer viaje
La primera visita a este país fue con motivo de que Helsinki, la capital, era puerto de escala del crucero por el mar Báltico que hicimos en agosto de 2008.
Llegamos a esta ciudad de madrugada porque nuestro avión (Spanair) se retrasó más de 10 horas. Salimos del aeropuerto de Barcelona casi a las 23 horas.
Como consecuencia de llegar tan tarde, nos perdimos el acto de bienvenida en el barco, las explicaciones del director del crucero, en fín, una serie de cosas que no llegamos a saber porque no estábamos allí, como es obvio.
El caso es que no nos pudimos apuntar a la excursión programada para Helsinki y la visita la hicimos por nuestra cuenta.
Lo único que visitamos fueron los monumentos más emblemáticos. Suerte que estaban al lado del puerto :
- La Iglesia Luterana : blanquísima y con su cúpula color verde, en la cima de una gran escalinata. Esto le proporcionaba la altura suficiente para que sobresaliera sobre cualquier otro edificio de la capital y así poder ser admirada ya desde que el barco se acercaba al puerto.

- La Iglesia  Ortodoxa : a pocos metros de la anterior y toda de un ladrillo de color rojo que recordaba los edificios que bordean la plaza roja de Moscú. Los tejados también presentaban un color verde que resaltaba sobre el gris general del cielo en ese día lluvioso que nos tocó en suerte.
Esta iglesia también está en un alto y desde sus patios se puede ver bonitas vistas de la ciudad y el puerto.

Bajando de esta iglesia nos encontramos una especie de mercadillo al aire libre en donde había tiendas con algunas cosas de ropa y souvenirs. Pero lo más vistoso era la multitud de puestos de comida para llevar o para tomar en unas pequeñas mesas que había allí mismo. Me llamó la atención que una de las comidas que se repetía era algo similar a las paellas nuestras. También era común encontrar puestos con una gran plancha en donde preparaban al momento espectaculares piezas de salmón que servían de inmediato.

Nos hicimos unas fotos en unas esculturas de tortugas que había por allí y en seguida nos volvimos al barco porque hacía frío y había empezado a llover. La verdad es que resultaba un día muy poco acogedor para pasear por la ciudad. 

Si hubiéramos podido contratar la excursión que el barco tenía preparada, habríamos visitado el famoso parque de Sibelius y la Iglesia excavada en la roca. Otra vez será.

Lo que si resultó muy bonito fue alejarnos de la ciudad en el barco, desde cuya cubierta podíamos admirar islitas con pequeñas casas, de color rojo, que ofrecían una imagen muy entrañable. 

Segundo viaje:

 Visitamos nuevamente Helsinki como parada obligada durante el crucero que hacemos con Pullmantur  en el mes de agosto de 2010. 
En esta ocasión tenemos tiempo, antes de ir al aeropuerto, de hacer una excursión guiada por la ciudad, pudiendo ver el parque Sibelius y la iglesia excavada en la roca, que no pudimos llegar a ver en nuestro anterior viaje.
Tras la visita a Helsinki, nos llevan en autobús a la ciudad medieval de PORVOO, que resulta ser una pequeña ciudad muy bien conservada, de calles empedradas y casas de color rojo junto al rio, formando un conjunto especialmente atractivo.
Aquí hay un museo de miniaturas que me quedo con deseos de visitar por falta de tiempo, pero sí veo muchas tiendas con casitas y otros objetos en miniatura. Se ve que aquí hay afición ¡que bonito!

La emoción que tengo asociada a Finlandia está ligada a la belleza de las muchas islas que se ven a lo largo de su costa, mientras nos alejamos de Helsinki en el barco, empequeñeciéndose poco a poco la blanca imagen de la catedral,en su pedestal, hasta parecer una de esas piezas de miniatura que tanto entusiasman en Porvoo, el pueblecito de las bonitas casas rojas, que parecen salir de un sentimental cuento de Navidad.

sábado, 21 de abril de 2012

ESTONIA



        ESTONIA


Primer viaje

            El primer viaje a este país se limitaba a visitar su capital, Tallin, porque figuraba en el itinerario del crucero por el mar Báltico que hicimos en agosto de 2008, con Ibero Cruceros, en el Grand Voyager.
            TALLIN
            Nunca hubiera imaginado que esta ciudad pudiera gustarme tanto. Sólo tuvimos tiempo de visitar el centro, al que llegamos tras un corto paseo desde el muelle y nos encontramos con su puerta y murallas perfectamente conservadas.
            ¡Pero que ciudad más bonita! Te traslada a la Edad Media por lo perfectamente conservadas que están sus calles, plazas y casas.
            Es un paseo imborrable, bellísimo. No sabes donde acudir para hacer fotos porque todos los rincones son bellos y con detalles decorativos.
            La plaza del Ayuntamiento, con la Farmacia más antigua de Europa, el edificio del Ayuntamiento, todo es bonito ¡y eso que llovía a cántaros y nos mojamos como sopas! A pesar de lo calados que estábamos, íbamos impresionados por tanta belleza. Aún así, encontramos la famosa tienda de los conocidos chocolates Kalev y compramos un montón de cajas para nosotros y para hacer regalos.
            Tras subir una pequeña cuesta empedrada, nos encontramos con otra preciosidad: la Iglesia ortodoxa, de líneas sencillas dentro del estilo de iglesias rusas y cuyas cúpulas sobresalen entre los edificios formando un cuadro exótico y original.
            Desde un mirador observamos la ciudad y el puerto, en donde hay atracados numerosos barcos que realizan cruceros. Se ve que es una ciudad que se ha puesto de moda para el turismo y, después de verla, lo comprendo.
 Enseguida bajamos para regresar al barco y, desde cubierta, observamos la ciudad con sus torres de aguja, conos de color rojo y murallas, que forman un paisaje de cuento de hadas.
                                                  
 Segundo viaje

Visitamos nuevamente Tallin por ser escala en el crucero que hacemos con Pullmantur en agosto de 2010. Bajamos del barco y hacemos de guías de una pareja sevillana, visitando el centro antiguo de la ciudad, entrando como en el anterior viaje, por la puerta de sus famosas murallas. Hoy llueve, igual que la primera vez y hacemos el mismo recorrido.  Sigue pareciéndome una ciudad preciosa.

Desde un alto podemos divisar los tejados de la ciudad y la vista es fantástica con sus torres de aguja y el rojo de sus tejados recortando el azul del cielo. Muy bonito.
Regresamos al barco paseando porque ha dejado de llover y desde cubierta, otra vez nos despedimos de Tallin admirando su emocionante belleza  sin igual.

lunes, 16 de abril de 2012

EGIPTO


El viaje a Egipto fue en diciembre de 2004, del 6 al 13, aprovechando días de fiesta que me quedaban en mi trabajo y pensando en que eran buenas fechas para no pasar demasiado calor durante el circuito.
El avión salía desde Madrid y hacia allí nos dirigimos en tren desde Valencia. Salimos hacia Egipto a las 3 del mediodía y pasamos 5 horas de vuelo muy bueno, sin ni siquiera turbulencias. La llegada era al aeropuerto de Luxor y desde allí nos trasladarían en autobús (60 Km.) al barco en el que íbamos a hacer el crucero por el Nilo.
Crucero por el NILO
La primera fuente de divisas de Egipto es el turismo. De esto es una prueba fehaciente la imagen que te encuentras cuando te llevan a tu barco de destino para hacer el crucero. Hay tal cantidad de barcos de todo tipo que parece que no se van a poder mover de ahí. Un detalle: para alcanzar nuestro barco teníamos que atravesar unos cuantos que estaban delante y así te pasabas un buen rato cruzando recepciones y tablas suspendidas en el aire (algunas tan elevadas que se pasaba un poco de vértigo al cruzar por ellas).
Nuestro barco, llamado Prince Omar, era del tipo medio pero cumplía con todas las necesidades que pudiéramos tener. Los camarotes eran todos exteriores, con lo que podías tener una buena visibilidad y admirar los bellos paisajes de las orillas del Nilo en la intimidad. Era una gozada ver la ribera verde y cubierta de palmeras, con los pastores y sus ovejas, los niños corriendo saludándote y algun que otro lugareño subido en un burrito que trotaba a toda prisa. ¿Y las tonalidades del cielo al atardecer? Indescriptibles.
Arriba del todo, en cubierta, había una piscina y tumbonas, sillas y mesas de sobra, y toldos para protegerte del sol. Podías subir allí a cualquier hora y encontrar lugares para contemplar el amanecer, el atardecer o simplemente tomar un te en compañía.
Allí tuvimos varias tertulias con nuestro guía, Mohamed. Era un guía buenísimo, nos acompañaba a todas partes, hablaba perfectamente el castellano y era muy amable. Nos explicó en algunas de las tertulias que mantuvimos en cubierta, muchas de las costumbres egipcias y las condiciones de vida de la gente, además de contestar a todas nuestras preguntas. Cuando terminó el crucero hicimos una colecta entre todos y le dimos una buena propina porque verdaderamente se la merecía.
El ambiente en el barco fue muy agradable. Los camareros eran muy simpáticos y las comidas sencillas pero para mi gusto estaban muy bien (aunque ahí siempre hay quejas porque en esto de la gastronomía hay gente muy exquisita).
Llegamos a participar en una fiesta que nos organizaron en el que todo el mundo tenía que disfrazarse. Naturalmente todas corrimos a comprarnos chilabas y tocados para la cabeza. Aquí me compre tal cantidad de chilabas que casi no me cabían en la maleta porque el precio era el mejor que había visto yo nunca y la variedad increíble.
Además de la fiesta, bailamos en la discoteca y aprendimos los pasos más elementales de un baile típico de allí.
En resumen, el crucero por el Nilo merece la pena porque se pasa muy bien y resulta todo el ambiente muy agradable. Lo malo era que te despertaban de madrugada para llevarte a hacer las excursiones, pero eso tiene su explicación: el calor del mediodía era insoportable y había que hacer todas las visitas antes de que el sol alumbrara con fuerza.
LUXOR, KARNAC, EDFU, KOM OMBO y ABU SIMBEL
Estas eran las paradas más importantes del crucero. La primera visita fue a los templos de Carnac y de Luxor. Dicen de aquél que es el más grande del mundo e impone su larga avenida de columnas y esfinges que yo tantas veces había visto en los libros de historia.
Tras esta visita nos llevaron en autobús a recorrer el Valle de los Reyes y de las Reinas y ahí ya empezamos a sufrir un calor imponente porque el recorrido es largo y el lugar muy árido y sin protección alguna de sombra. Allí se encuentran las tumbas de Ramsés IV y de Tutankamon.
El templo de Edfu es menos conocido pero una auténtica maravilla y además muy bien conservado. Aquí se encuentra la magnífica estatua de granito negro que representa al dios Horus y que parece que está guardando el patio. La vuelta al barco desde este templo se hace en calesa, lo que resulta ser un espectáculo gracioso y lleno de exotismo porque había tanta gente, burros y autobuses de turistas, que todo parecía indicar que de ahí no se iba a poder mover nadie.
Otra visita que merece la pena resaltar es la del templo de Kom Ombo, cuya silueta se dibuja en el cielo y lo puedes admirar en toda su majestuosidad desde el barco, que se va acercando poco a poco.
La visita a Abu Simbel merece capítulo aparte porque es una excursión que hay que pensarse debido a que se encuentra muy lejos de donde atracan los barcos y hay que salir a las 3 de la madrugada para llegar a una hora de calor soportable. Este viaje en autobús se hace todo el tiempo protegido por coches de policía y dura casi 3 horas.
Pero la verdad es que cuando ves frente a ti las 4 inmensas estatuas de los faraones sentados presidiendo la entrada al templo se te olvida el madrugón y el largo rato de autobús porque verdaderamente son unas joyas magníficamente conservadas. Rodeando estos maravillosos templos, hay unos bellos paisajes en donde el verde de los pinos contrasta con el azul del agua de la presa de Aswam.
El pueblo NUBIO
Hay una excursión que merece la pena hacer: conocer un poblado Nubio. Allí se llega en barca hasta una zona desértica y luego, quien lo desea, puede hacer el camino hasta el pueblo en camello o, quien no quiera, se da un paseo que no resulta demasiado largo pero que sí es un poco incómodo por la arena.
El pueblo nubio es una comunidad que sigue con sus tradiciones y mantiene un estilo de vida comunitario. En las casas hay un gran patio interior que es donde se hace la vida en común. A él dan las habitaciones de la gente que allí vive. También hay una escuela a la que acuden los niños y allí aprovechó nuestro guía para explicarnos algunas palabras básicas y el alfabeto árabe.
En el patio comunitario pasamos un buen rato mientras nos explicaban la forma de vida de esta gente que nos acogió con amabilidad y que nos hicieron tatuajes con hena y con gran habilidad. A mi me hicieron un tatuaje de la llave de la vida y otro del ojo de Horus. También nos invitaron a tomar té y pasamos un rato muy agradable. La vuelta fue también simpática porque lo hicimos en una barca en donde todo el tiempo fuimos cantando, bailando y escuchando la música de instrumentos típicos egipcios.
Desde el aeropuerto de Aswan tomamos un avión que nos iba a llevar a la capital, El Cairo. Menos mal que el viaje era corto porque era un vuelo doméstico sin ninguna comodidad y creo que incluso había gente de pie porque iba a tope de lleno.
El Cairo es una ciudad que impresiona por lo inmensa que es. Como dato basta decir que alberga 20 millones de habitantes. Es también una ciudad caótica. El tráfico parece que no atienda a ninguna regla y cruzar una calle es un acto heroico o más bien suicida.
También es una ciudad de contrastes porque al lado de edificios lujosos y en pleno centro de la ciudad, te encuentras casas ruinosas que parece que vayan a caerse a pedazos. Crees que están deshabitadas pero no, te das cuenta de que allí vive gente. Dicen que vive gente hasta en los panteones del inmenso cementerio de la ciudad. Tal es el nivel de pobreza que se puede encontrar en esta inmensa ciudad.
Me llama también la atención que en esta ciudad moderna, se ven muchas mujeres no sólo con pañuelo en la cabeza; hay muchas que van totalmente tapadas con un manto negro que las cubre por completo.
La primera visita que hacemos al día siguiente de llegar a esta ciudad es la de las Pirámides de Gizeh y la Esfinge. Es una visita fascinante.
Ya la noche anterior, cuando íbamos paseando por la ciudad, desde algunos puntos se podía observar la silueta de una de las pirámides y te sobrecogía la magnificencia y halo de misterio que desprendía. Pero verlas por la mañana, en medio de esa zona desértica y en tan perfecta armonía, provocaba una fuerte emoción. Al menos a mí me impactó mucho esta visita. También estar al lado de la Esfinge, que tantas veces había visto en fotografías y libros, me llenó de gozo. Hay que señalar también que la fuerte contaminación de la ciudad es la causa de que una especie de niebla lo cubra todo y eso también favorece que la silueta de las pirámides resulte tan sobrecogedora.
Por la noche acudimos a un espectáculo de luces y sonido en este mismo lugar y me dieron un buen susto porque resulta que yo llevaba en el bolso un artilugio que era linterna y brújula pero que se ve que tenía una pinta rara porque me pararon allí mismo en la entrada y la desmontaron por completo antes de dejarnos pasar al interior de los jardines donde se encontraban las sillas desde las que podías admirar el espectáculo.
Otras visitas que merecen la pena en El Cairo son : la Mezquita de alabastro y la ciudadela ; el barrio copto (en donde hay un lugar de culto por haber sido posada para la virgen María, José y el niño Jesús. Pero sobre todo vale la pena visitar el Museo de antigüedades egipcias. Aquí se puede admirar el sarcófago de oro de Tutankamón y famosas estatuas, como la del escriba sentado, con los característicos ojos de cuarzo que les dan aspecto de seres vivos. No me extraña que algunos salteadores de tumbas salieran huyendo al encontrarse con estas figuras que parecía que los estaban mirando.
El último día de estancia en El Cairo nos dedicamos a pasear por la ciudad e ir de compras. Creo que es el lugar en donde más compras he hecho. Había de todo y a muy buen precio, así como variedad de souvenirs, que llevamos para toda la familia.
Ya en el hotel, después de pasar las puertas de seguridad, con sus guardias permanentes (que protegen el turismo), subimos a la terraza del hotel a despedirnos de la silueta de las magníficas Pirámides.
La EMOCIÓN más intensa experimentada en este país fue la magnífica visión de las 3 Pirámides de Gizeh desde el ángulo que pemite la alineación perfecta y armoniosa. Junto a este recuerdo precioso, mantengo en mi memoria la tranquila navegación por las aguas del Nilo y sus bellas orillas adornadas de palmeras.

DINAMARCA


DINAMARCA

Primer viaje

Fue en en agosto de 2008 con la visita a la capital como puerto de regreso a casa al finalizar el crucero que hicimos por el mar Báltico con el Grand Voyager.
Atracamos en el puerto con una lluvia intensa y un aire tal que no nos servían los paraguas. Caminando para salir a buscar taxi, nos calamos hasta los huesos. Menos mal que a los pocos minutos encontramos un bus turístico y nos subimos a él sin pensar más (costaba 18 euros por persona y podías subir y bajar cuando y donde quisieras hasta regresar al puerto).
El bus estaba en las últimas, parecía tercermundista en lugar lo propio de estar en uno de los países más ricos de Europa, pero los auriculares funcionaban y pudimos escuchar alguna que otra información interesante.
La primera parada fue en la famosa Sirenita. Muy linda. Solitaria, mirando al mar, sencilla y bella esa figura tan conocida ….pero había tanta gente admirándola y haciéndose fotos que apenas pude yo sacar un par de ellas de recuerdo del lugar.
Rápidamente volvimos al bus porque seguía lloviendo copiosamente. Pasamos por el famoso muelle donde hay montones de cafés al aire libre y barcas atracadas. Un lugar precioso para pasear (si se pudiera). Como arreciaba la lluvia seguimos en el bus hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento donde necesariamente hay que bajar y coger otro autobús.
Paró un poquito la lluvia y pudimos bajar a ver el ayuntamiento que está al lado del famoso parque Tívoli, del que sobresalen por el cielo como volando columpios con gente pasándoselo pipa a pesar del mal día de lluvia.
Paseamos un rato por una calle peatonal y compramos algunos souvenirs. Regresamos pronto al bus porque el tiempo se nos echaba encima y éste era nuestro día de regreso a Barcelona.
Ya en el bus otra vez arreció la lluvia y dentro de él todavía nos mojamos porque había agujeros (¡!) en la lona del techo. Para colmo se averió y tuvimos que bajarnos y choparnos mientras nos pasábamos al otro bus turistico. Llovía tanto que no veíamos nada a través de los cristales. Una pena porque eso es lo poco que he visto de Copenhague. Parece una muy bonita ciudad. Tengo que volver.
Segundo viaje
Fue en agosto de 2010. Esta vez como punto de partida del crucero de Pullmantur por el mar Báltico. El lugar de embarque era COPENHAGUE y, como llegamos tarde, fuimos directos del aeropuerto al barco, con lo que no nos dió tiempo de hacer ninguna excursión y simplemente pasamos con una rápida panorámica por algunos puntos de la ciudad. Está visto que a Copenhague habrá que ir de otra forma y no por un crucero si queremos pasear por sus calles.
De lo poco que ví de esta ciudad, lo que más recuerdo y con lo que la asocio, aparte de con la lluvia intensa, es con la bella sirenita, una escultura sobria y sencilla pero de fuerte expresividad.