martes, 24 de abril de 2012

FRANCIA


                                                                                                                FRANCIA


He visitado este país en muchas ocasiones. Es lógico  porque es el paso obligatorio para cualquier viaje en coche o autobús hacia Europa.

Primer viaje

La primera vez que fui a Francia fue en el verano de 1972. También era la primera vez que viajaba al extranjero ¡y sola! Tenía 19 años y entonces no era habitual marcharse fuera a estudiar un idioma.
Mi paso por Francia era sólo eso, de paso, porque mi destino era Bélgica. Me había matriculado en un curso de Lengua y Literatura francesa en la Universidad Libre de Bruselas. No había tanta facilidad para volar como ahora y mi forma de llegar era en tren, vía París, a donde llegué después de un montón de horas de autobús.
PARÍS
Cuando llegué a Paris busqué alojamiento en albergues y residencias de estudiantes cuyas direcciones me habían facilitado en una entidad dedicada a ese tipo de cosas pero nada. No había ni una cama libre.
Allá que me voy yo con mi maleta paseando, para ver algo de Paris, al menos la tour Eiffel, que es lo más típico. Pensé incluso que me tocaría quedarme allí a dormir, en los parques (¡madre mía si se enteran mis padres de que duermo en la calle!). Así las cosas y en esas estaba, cuando conocí a dos chicos italianos, con los que estuve charlando un rato. Resulta que ellos también eran estudiantes que estaban allí por un tiempo y vivían en una buhardilla. Yo les conté lo que me había pasado y que me había quedado en la calle. Me ofrecieron un rincón en su espacio y la verdad es que me pareció que eran de confianza y me ayudaron con mi maleta hasta la casa donde vivían. Había que subir un buen tramo de escaleras que se hicieron eternas porque mi equipaje parecía pesar el doble.
Maldormí en una pequeña colchoneta pero siempre fue mejor que dormir en un banco de la calle. No comprendo por qué no me quedé su dirección para seguir contacto con ellos y agradecerles el detalle que tuvieron conmigo. También, pensándolo después, me dí cuenta de que tuve mucha suerte porque hubiera podido tener algun problema por ser tan confiada.
Al día siguiente cogí el tren que me llevaba a Bruselas.
Segundo viaje

Al terminar el curso en la Universidad Libre de Bruselas, volví en tren a Paris y ese mismo día tenía que tomar el autobús hasta Valencia.
No me daba tiempo de hacer mucho turismo, así es que desde la estación pensé encaminarme directamente al lugar de donde salían los autobuses hacia Valencia que sabía que estaba cerca. Apreciaría las calles y todo lo que pudiera ver en este corto recorrido y si, en la estación de autobuses había alguna consigna donde dejar mi maleta, podría dar alguna vuelta más por las cercanías.
Pues nada de esto resultó como esperaba. Yo sabía que los autobuses a Valencia salían cerca de donde yo estaba pero, no se que me pasó, que me perdí de la manera más tonta. Sin plano, empecé a dar vueltas y a pasar el tiempo. Comencé a preguntar pero la gente iba rápida a sus trabajos y ni se paraban a contestarme. Y, si me contestaban, casi sin pararse, me decían que no sabían, que lo sentían mucho. ¡Yo si que lo sentía! No sabía para donde tirar. No me quedaba dinero, no podía coger un taxi. Sólo tenía en el bolsillo mi billete de autobús que si lo perdía a saber cómo iba a conseguir yo  otro billete....en fín, que ya sintiéndome completamente perdida y sin saber que hacer, me senté sobre mi maleta y me puse a llorar. Un chico, un alma caritativa de esas que siempre hay por el mundo, se apiadó de mí y me preguntó qué me pasaba. Cuando le expliqué me dijo que no me preocupara, que él me acompañaba a la misma parada del autobús ¡nunca se lo agradeceré bastante! Si no hubiera sido por él lo mismo todavía estoy dando vueltas y vueltas como una peonza por esas inmensas calles llenas de gentes apresurada.

Tercer viaje

PARIS y su vida bohemia.
Volví a Paris el año 1977, durante mis vacaciones de verano. Era una visita tipicamente turística : paquete de avión y hotel. Los recorridos por cuenta propia.
No recuerdo nada en especial de esta visita porque entonces no llevaba ni cámara de fotos ni compré apenas postales.
Sé que lo que más me gustó fue el barrio de Montmartre, con sus artistas por todas partes pintando cuadros. Me impresionó la basílica del Sagrado Corazón (Sacré Coeur) y la magnífica vista de Paris que se podía disfrutar desde allí.
Naturalmente visité nuevamente la Tour Eiffel y el museo del Louvre, pero no tengo especiales recuerdos de ese viaje de hace más de 30 años, excepto la profunda impresión que me produce siempre ver en  directo obras de arte que he admirado solamente en los libros y en reproducciones, muchas veces de dudosa calidad. 
En esta visita cargué con un montón de reproducciones bastante buenas  (naturalmente entre ellas estaba la Gioconda y algunas obras de Van Gogh y Degas) para decorar mi casa.

Cuarto viaje

Fue en el año 2001. El motivo fue regalárselo a mi hija Ana, quien tenía muchos deseos de conocer Paris y teníamos la oportunidad de que nos prestaran un pequeño apartamento en pleno centro de París por un pequeño alquiler.
El viaje fue en coche y el trayecto fue agradable porque hicimos varias paradas y conocimos algunas ciudades francesas y sus paisajes (no sólo existe París).

AVIGNON y el famoso puente de la canción :
Es una bonita ciudad, con callejuelas estrechas medievales y restos de murallas. El famoso puente ahí está (se llama pont de Saint Benezet) y le cantamos la canción (sur le pont d´Avignon ...). 
Visita obligada es la del palacio de los Papas, que se encuentra en perfecto estado de conservación y que merece la pena recorrer.

PARIS y sus múltiples atractivos

Encontramos sin problemas la dirección del apartamento (rue Antoine Boundel, en el barrio de Montparnase) y pudimos aparcar cerca. Por fuera parecían unos pisos muy modernos pero, cuando entramos, nos dimos cuenta de que eran casas antiguas: había un patio grande interior, con muchas plantas y de allí partían las escaleras a los apartamentos, sin ningun ascensor.
Subimos un par de pisos por estrechas escaleras y llegamos a nuestro apartamento. Nada más abrir la puerta nos sobresaltamos: era una miniatura. Ahí estaba claro que apenas cabíamos.
Nos armamos de valor y ahí que nos metimos. El problema estaba en que apenas podíamos movernos.
Al final, recogiendo algun trasto por aquí, dejando las maletas debajo del sofá y alguna otra cosa por allá, pudimos sentarnos en el sofá que hacía las veces de cama.
Otro detalle era el cuarto de baño que de eso (de baño) no tenía nada. Era un mini lavabo donde no cabía una persona. Era mucho más pequeño que el de los aviones.
En realidad, los baños más amplios estaban fuera del apartamento, un piso más arriba. Uf! Era un poco incómodo pero bueno, a todo se acostumbra el cuerpo.
Todo esto fue un poco decepcionante pero en cuanto nos acomodamos y nos hicimos a la idea de que teníamos que pasar allí todo el tiempo, salimos a dar una vuelta por los alrededores. Nos cayó una tremenda lluvia que nos caló hasta los huesos y pronto regresamos al minipisito.
Los siguientes días ya fueron más agradables. Nos habíamos acostumbrado al poco espacio y decidimos amoldarnos a lo que teníamos y disfrutar. Y desde luego que disfrutamos.
Ana estaba obsesionada con el río Sena, así es que paseamos por este lugar de todas las formas posibles : por la mañana, por la noche, en bateau mouche, en fín, vimos el  rio casi todos los días. Desde el barquito pudimos ver la silueta de la Tour Eiffel y nos bajamos en esa parada para verla de cerca.
Visitamos el Louvre, por supuesto, y el museo D´Orsay donde se podía disfrutar de la mejor pintura impresionista.
Paseamos por Montmartre y llegamos hasta el Sagrado Corazón (Sacré Coeur). Divisamos la imponente vista de Paris que se disfruta desde esa colina y volvimos a bajar para seguir paseando por la ciudad.
Visita agradable también fue la de la catedral de Notre Dame, por delante y por detrás, parándonos en los bellos jardines que se encuentran en esta última parte. Esta catedral se encuentra en la isla más grande del Sena y merece la pena verla desde algunos de los puentes que llevan hasta ella porque de esa forma muestra su gran majestuosidad, no perceptible si se ve solamente la fachada principal.
Otros lugares que visitamos : 
-Campos Elíseos, impresionante paseo de casi 2 Km. que une el Arco del Triunfo con la plaza de la Concordia (donde se encuentra el monolito de Ramses II).
-Jardines de las Tullerías, a continuación de la plaza de la Concordia, dando paso al museo del Louvre.
-el Ayuntamiento, la Madeleine, la Opera, la Conciergerie, el centro Pompidou... Paris es un lugar en donde no se acaban nunca los lugares por donde pasear y admirar.
Y uno de los lugares donde más difrutamos: Le bois de Boulogne, con buenísimas sombras bajo los árboles, estanques y rincones donde descansar tumbadas en el césped. Este fue uno de los lugares preferidos por Ana de todo Paris (junto con el Sena). 
Pasada la semana en París, regresamos en coche y con la esperanza de poder encontrar a mitad de camino algun hotel de carretera donde descansar. Pues no encontramos ni una sola habitación, por lo que regresamos de una tirada a casa.

Quinto viaje
Este viaje lo hice en agosto del año 2004. Tengo un recuerdo mucho más completo que de otros viajes anteriores porque en éste ya empecé a escribir un pequeño diario (además de tener ya una cámara de fotos sencillita).
 Fue un recorrido en el coche de mi amiga Mª Angeles, conduciendo ella y acompañándonos Jose Navarro, un compañero del máster de Psicoanálisis.
El objetivo era llegar hasta el Mont Saint Michel, habiendo recorrido antes toda la zona de la Bretaña francesa.
El coche en el que viajábamos era grande (tipo furgoneta) porque llevábamos hasta Lourdes a una familia que conocía Mª Angeles y que habían pasado unas vacaciones en su casa de la playa. La familia estaba compuesta por la madre (embarazada), dos niñas adolescentes y un niño de pocos años. La madre y el padre de los niños eran de Congo y de allí los conocía Mª Angeles, pero ahora vivían en París.
Salimos un viernes de madrugada y, después de conducir toda la noche, pasando por Lérida, Huesca, Jaca, Candanchú, Canfranc y puerto de Somport, llegamos al mediodía a 
LOURDES sus montañas y peregrinos
Atravesamos los Pirineos y llegamos a Lourdes. Allí almorzamos toda la trouppe y luego llevamos a la familia al tren. Ya solos los tres amigos, nos dirigimos a buscar un hotel o pensión donde pasar la noche.
Me gustó esta pequeña ciudad porque está rodeada de montañas y de verdes bosques.
Es increíble la devoción que despierta y la gran cantidad de fieles católicos que vienen a rendir culto a la virgen en su basílica y en la gruta donde dicen que se apareció.                     
No deja de ser impresionante observar el fervor de la gente y la gran cantidad de enfermos que en sus sillas de ruedas, muletas, o como pueden, van en procesión y rezando.
Ver tanta devoción nos inspiró un apasionado debate sobre la religión y el interés político, es decir, hablamos de los inicios del cristianismo a partir del Concilio de Nicea, en donde se declaró a Jesús de Nazaret hijo de Dios. 

La región que atravesamos después de dejar Lourdes fue la de las LANDAS, de bellísimos bosques, plagados de esbeltos pinos que casi se tocan entre ellos. Y así durante más de 50 Km. una belleza, con zonas de acampada libre y muy buenas carreteras bien señalizadas. 
Tomamos un desvío y llegamos hasta el estanque de ARCACHONE, zona verde y muy agradable, que nos encaminaba ya hacia la Bretaña por la costa. Por esta zona nos perdemos pero da igual porque llevamos comida y buen ánimo. Paramos en un lugar muy bonito para comer, a orillas del rio Garona.

Recorrido por la costa oeste francesa hasta llegar a La BRETAÑA :
Los lugares más dignos de mención que recuerdo son :
-BLAYE, una pequeña ciudad con una ciudadela (s. XVII) en perfecto estado y en cuyo interior, para nuestra sorpresa, había un camping municipal y allí pasamos una noche  bajo una tormenta de agua, truenos y relámpagos (llovió a cántaros y no nos empapamos de milagro).
Antes de meternos en la tienda a dormir, dimos una vuelta por los altos de la ciudadela para admirar el paisaje que se observa del estuario del río Garona (Gironde). Hay puntos en donde sufrí mucho vértigo porque era mucha la altura y no había ningun tipo de protector o barandillas.
Nos dirigimos hacia Carnac y decidimos pasar por un puente que le habían recomendado a Mª Angeles porque desde lo alto se ven buenas vistas y atraviesa el río Loira. Es el puente de Saint Nazaire y nunca me olvidaré de él porque pasamos un buen susto.
-puente de Saint Nazaire, en la desembocadura del rio Loira
Llegamos en un momento de atasco descomunal de tráfico. La entrada al puente era un carril que iba cogiendo altura. Teníamos que ir en primera todo el rato porque no se podía avanzar más rápido y el coche necesitaba toda la potencia por la cuesta. Pues bien, cuando estábamos más o menos a mitad de esa subida y sin posibilidad de pararnos en un arcén ni volver atrás, empezó a salir humo del motor de nuestro coche. Mª Angeles empezó a preocuparse pero sabía que tenía que seguir. Para colmo, el freno de mano no iba bien y tenía que mantenerse forzando el coche con una marcha mientras estábamos parados en la cuesta.
 Jose empezó a darle instrucciones y a ponerla nerviosa. Yo, como veía que no había solución y que teníamos que seguir hacia delante, me puse los auriculares para escuchar música relajante y me alejé mentalmente de este lugar. Tuvimos suerte y pudimos llegar a la parte superior del puente. Luego, todo era bajada y ya más fácil. En cuanto dejamos el puente, paramos un buen rato hasta que el coche se enfrió y luego, seguimos hasta Carnac, pensando en arreglar allí el coche y quedarnos a dormir.
-CARNAC, la ciudad con 4000 menhires, dólmenes y  montículos, que datan del Neolítico (entre 5000 y 2000 años antes de la era cristiana), es un lugar muy visitado pero no sólo por esta circunstancia sino porque está situada en un lugar privilegiado y muy cerca de una playa preciosa en plena bahía de Morbihan. Por esto es por lo que nos cuesta encontrar alojamiento pero, al final, nos informan de una pensión-casa rural que está a las afueras del pueblo y allí tenemos suerte y hay alojamiento. Pudimos dormir bien pero el cuarto de baño estaba fuera de la habitación y además hubo tormenta desde las 5 de la madrugada.
Paramos en un taller para que nos revisaran el coche y resultó que no era nada grave (un problema de aceite) que resolvieron en seguida y que apenas nos costó nada.
El resto del viaje no trajo sobresaltos. Sólo algun enfado que otro porque Jose y Mª Angeles se pasaban el tiempo discutiendo por las carreteras, los itinerarios, la forma de conducir, en fín, esas cosas que a los hombres les gusta controlar. Yo iba siempre en la parte de atrás del coche, muy cómoda, con mis auriculares y escuchando música, viendo paisajes y mirando los libros del viaje. Iba estupendamente y así fui todo el viaje, a pesar de que a veces Mª Angeles amenazaba a Jose con que lo iba a mandar a la parte de atrás y que yo pasaría delante. Menos mal que no cumplió sus amenazas.
Pero, en general, había armonía, charlábamos, dormíamos donde podíamos, unas veces en camping, otras en pensiones, otras en hoteles baratitos; comíamos generalmente de lo que llevábamos en nuestra nevera porque, como el coche era tan espacioso, llevábamos de todo y comprábamos en los supermercados, parando a comer en bosques o prados donde veíamos mesas y bancos de madera. La verdad es que íbamos bien organizados y el viaje salió baratísimo.
Antes de salir de Carnac visitamos los famosos alineamientos de Menhires, famosos en todo el mundo y que son impresionantes por su antigüedad  y los misterios que encierran.
Seguimos por la costa y llegamos a 
-LOCMARIAQUER, muy cerca de la ciudad anterior y también disfrutando de una playa magnífica y una vida marinera. Desde este bonito lugar tomamos una barca que nos acercó a una isla preciosa, verde y llena de pinos: la isla de los Monjes (Ile aux Moines), la mayor isla del golfo de Morbihan. 
Paseamos por esta agradable isla, subimos hasta lo alto de una colina y admiramos unas bellísimas vistas de mar y de un  intenso azul en el cielo que contrasta con el verde de la tierra salpicada de pinos. Todo muy bien, pero cuando regresamos al barco, empieza a estropearse el día y hay oleaje, con lo que Mª Angeles empieza a tener miedo porque todavía no ha superado su fobia al agua.
Tenemos que recoger el coche empapados y recorrer Km bajo la lluvia. La idea es dormir en VANNES, una ciudad grande en donde empezamos a visitar pensiones y hoteles pero no hay ni una habitación. Tenemos que volver a coger carretera, fijándonos en los carteles que podamos encontrar sobre alojamientos. Bajo la lluvia es difícil y, como no podemos plantar la tienda, pensamos en maldormir en el coche. Pero, al final, tenemos suerte y llegamos al pueblo de Elven, en donde sí hay  habitaciones en un hotel-bar muy raro. No sabría explicar por qué pero pasamos un poco de miedo porque encontramos muchos detalles raros y sin explicación (montones de zapatos por todos los rincones, por ejemplo).  Al final pudimos dormir bien sin sorpresas y bajo el golpeteo de la fuerte lluvia sobre el tejado.
Por la mañana salimos temprano buscando dirección Rennes. La carretera muy buena, es autopista pero sin peaje.
Buscando restos megalíticos, entramos en un pueblecito llamado THEIL, en donde admiramos una bonita iglesia con flores por todas partes y aprovechamos que pegados a la fachada (cosa que nos sorprende mucho) hay unas toilettes que, por cierto, están muy sucias, las más sucias que habíamos visto nunca y, claro, no hicimos uso de ellas.
 Seguimos hacia lo que se conoce como ROCHE AUX FEES o roca de las hadas, en donde admiramos unos Dólmenes (monumentos funerarios) envueltos entre grandes árboles. Allí hay montones de mesas y troncos de madera donde poder parar a comer. Pero no era nuestra hora y seguimos nuestro camino, pasando por pueblos muy bonitos, llenos de flores, como Retier.
Llegamos a una ciudad grande:
-RENNES : aquí tenemos la suerte de aparcar en la mismísima puerta del Teatro Nacional de Bretaña. Salimos a pasear por los alrededores de donde aparcamos el coche y vemos que hay muchos parques y llegamos a uno en donde está el palacio de S. George y en cuya fachada se puede leer el nombre de Madelaine de la Fayette.
Volvemos a coger el coche y nos dirigimos a buscar un lugar donde comer.  
-HEDÉ, este es un lugar precioso, donde paramos a comer en una zona de camping y, luego, paseamos por bosques frondosos  atravesados por un canal en el que se han construido 11 exclusas y en las que se ve trajinar a las gentes de los barcos que quieren salir a navegar. Pasamos un día entero, haciendo amistad con los dueños de un barco en el que estuvimos a punto de embarcarnos pero no nos atrevimos por miedo a dejar el coche sin vigilancia.
Siguiendo en la carretera, pasamos por muchas ciudades y pueblos muy agradables, buscando ya donde dormir.
-SAINT-SOULIAC es un pueblo de pescadores, con redes en las fachadas de las casas, con vistas preciosas y aquí deseamos quedarnos pero no encontramos ningun alojamiento. Salimos del pueblo y vemos el anuncio de un camping en DINART y allí nos dirigimos. Plantamos la tienda y bien caro que lo pagamos, pero no pudimos pegar ojo porque había fiesta (con karaoke) toda la noche, aparte de que llovía a cántaros y sin parar. 
- SAINT MALO (lugar de vacaciones muy famoso y con una playa rocosa y puerto que se puede admirar desde lo alto de las torres y murallas que lo bordean).
De todo el recorrido que hemos hecho hasta llegar aquí, lo que más me llamaba la atención era que allá donde mirases veías bosques, casas adornadas con muchísimas flores, con ventanas y puertas pintadas de azul, pueblecitos con pequeñas y sencillas iglesias rodeadas por un cementerio en el que se adivinaba que descansaban felizmente las gentes del pueblo, faros de los de toda la vida, rocas y mares inmensos, acantilados.....mucha belleza.
Y al fin, nuestro destino :
-MONT SAINT-MICHEL
Entre Bretaña y Normandía, ésta era nuestra meta y, aunque me gustó y hay que decir que es una verdadera maravilla, después de haber visto tanta belleza, ya no me sorprendió. Además, nos costó llegar una inmensa cola de coches y en los aparcamientos horas de vueltas. El gentío que había por sus calles era increíble y así, la verdad, no se puede saborear nada.
Nisiquiera subimos  a visitar la abadía y nos limitamos a quedarnos dando vueltas por el pueblo, conservado con su auténtico aire medieval pero, eso sí, en vez de casas de normandos, todo era tiendecitas de souvenirs repletas de clientes.  Seguramente volveré en otra ocasión, a ver si hay menos gente y puedo visitar el famoso claustro aéreo, suspendido entre el cielo y el mar.
  Salimos del lugar, con mucho trabajo por la gran cantidad de gente por todas partes y, por esta zona compramos las famosas galletas de la tierra que están deliciosas.
En la carretera ya, nos dimos cuenta de que íbamos sin luz de cruce, por lo que decidimos buscar un taller mecánico en el primer pueblo que encontráramos.
Lo encontramos en Cholet y allí nos arreglaron las luces pero sin cobrarnos nada. ¡Qué gente más amable! Yo le digo a Mª Angeles que es porque ella es muy simpática y cae  bien a la gente.
Con el coche ya en regla, seguimos carretera de bajada hacia España, buscando un sitio donde pasar la noche. Tuvimos suerte y encontramos un hotelito, con buenas vistas y todo muy agradable, se llamaba hotel Montespan, en el pueblo de Lussac les Chateaux. Aquí si que dormimos bien, sin lluvia y con comodidades para el aseo personal. A la mañana siguiente, carretera y llegamos a  
-CARCASONNE, la ciudad fortificada de los Cátaros.
Se encuentra en el sur de Francia, en la región de Languedoc-Rosellón.
Merece la pena hacer una parada en este lugar, por su famosa y bien conservada doble muralla, con sus potentes torres, que abrigan una ciudad medieval digna de visitar. Fuera de las murallas se extiende la población nueva que se fue construyendo para albergar a la población creciente.
El problema que encontramos fue la gran cantidad de turistas, lo que nos supuso una tremenda dificultad para encontrar aparcamiento, cosa que al final logramos en un parking a tope pero conseguimos un hueco. Salimos de aquí y nos dirigimos hacia el recinto amurallado que es una maravilla.
En la ciudad que hay dentro encuentras sobre todo puntos de información de turismo, tiendas de souvenirs y bares muy acogedores. Entramos a tomar una cerveza fresca (porque hacía un calor insoportable) en un lugar con una gran terraza a la sombra de un  castaño inmenso con 300 años  a sus espaldas. Seguimos dando un buen paseo y admirando el perfecto estado de las murallas, hasta que nos dimos cuenta de una gran humareda en el horizonte, coincidiendo más o menos con el lugar donde teníamos aparcado el coche. Pero la gente no parecía inmutarse. Aún así, nosotros si nos apresuramos y, a medida que nos acercabamos al aparcamiento, nos dimos cuenta de que el fuego estaba localizado en el monte. Una verdadera pena que se quemen tantos árboles. La tragedia de todos los veranos, el fuego. Cogimos el coche y comenzamos a buscar ya la carretera para tomar la autopista hacia Barcelona. Hubo una pequeña discusión porque Mª Angeles y yo preferiamos pagar peaje y Jose pensaba que no hacía falta. Ganamos nosotras por mayoría y cogimos la autopista, con lo que ya no íbamos a encontrar sorpresas. En un punto de descanso, sacamos nuestra neverita y bolsitas varias para cenar comodamente sobre una mesa de piedra con sus correspondientes asientos también en piedra. Era nuestra última cena. El viaje se acababa.
Dejamos a Jose  y llegamos a Puzol sobre las 2 de la madrugada y, ya casi en casa y después de tantísimos Km. (casi 4000) sin sufrir un accidente, un coche con unos imbéciles dentro, se saltó un semáforo y casi nos chocamos.
Y el broche de oro del viaje fue que tuvimos que saltar la valla para entrar en la urbanización donde Mª Angeles tiene su apartamento porque no encontraba las llaves, cosa que le ocurre muy amenudo y que era también motivo de discusión entre ella y Jose porque cada vez que íbamos a entrar en el coche, ella no encontraba las llaves. Y así terminó el viaje, partidas de risa y tan bien como lo empezamos.

Sexto viaje
Fue una visita de paso, en un viaje a Italia, que nos obligaba a atravesar Francia. El lugar en donde paramos a dormir y pasamos algunas horas fue la ciudad de MARSELLA, de la que no recuerdo nada en especial.

Séptimo viaje
También fue una visita de paso en otro viaje a Italia. En esta ocasión la ciudad donde paramos fue 
NIZA, capital de la costa Azul.
Es una ciudad agradable pero demasiado turística.
 Lo más conocido de ella y el lugar por el que caminamos fue por el famoso paseo de los Ingleses, que tiene una longitud de 5 km. y te lleva en todo momento por la orilla del mar de un lado y por el otro majestuosas mansiones, palacetes y hoteles de lujo.

Octavo viaje
Fue en marzo de 2009, con motivo del crucero que hicimos por el Mediterráneo, por tener un puerto en territorio francés : VILLEFRANCHE.
Se trata de una pequeña ciudad muy agradable y que merece la pena pasear. No pudimos hacerlo porque preferimos aprovechar la excursión que se hacía a Mónaco y no tuvimos tiempo pero se veía deliciosa, llena de jardines y terrazas con vistas al mar, con un puerto tranquilo, en el centro del cual reposaba nuestro barco, al que nos llevaron en lancha. 

Noveno viaje

En abril de 2011 embarco en un crucero en el barco Grand Celebration (Ibero Cruceros) acompañando a mi hermana Charo que estaba ilusionada por hacer un viaje de este tipo. El recorrido era Valencia-Marsella-Ajaccio-Ibiza-Valencia y la duración era de 5 dias.
La excursión a MARSELLA consistió en unas horas de visita panorámica de la segunda ciudad en importancia de Francia, una ciudad llena de obras y sin atractivo especial. Lo más interesante fue ver el puerto desde el alto que permite la subida a una pequeña iglesia y el fuerte de San Víctor. Para llegar aquí hay que subir una considerable escalera.
Pero lo mejor de todo fue la subida a la Basílica de Notre Dame de la Garde, que está en lo más alto de la ciudad y desde la que puede verse una panorámica de todo el lugar, hasta incluso la isla de If, que inspiró el lugar donde estuvo encarcelado el protagonista de la novela El Conde de Montecristo.
Además de las bonitas vistas de esta basílica de arquitectura muy peculiar (que el guia nos describe como tipicamente marsellesa) puede apreciarse en su interior muy bellos frescos de estilo bizantino y pequeños barcos colgados de sus paredes como ofrenda de los pescadores.
La vida de la ciudad gira alrededor del puerto y hay un bonito paseo que bordea el agua y los yates amarrados, por donde se puede pasear o tomar algo en las múltiples terrazas de los bares.
AJACCIO, la capital de la isla de Córcega (región autónoma de la Francia continental) es un lugar tranquilo, cuyo recorrido hacemos en una visita panorámica por sus calles, la principal llamada Napoleón, como no podia ser de otra manera,  y donde los puntos de interés más importantes están relacionados con la figura de Napoleón Bonaparte: la gruta donde se refugiaba, el monumento erigido en su honor y que es una réplica de la de su tumba en Paris, su casa natal, el panteón donde reposan los restos de su familia, la plaza que desemboca en el puerto…. Su nombre está por todas partes, avenidas, tiendas, cafeterías, a pesar de que los corsos más nacionalistas no le tienen mucho aprecio, pero el turismo se impone.
Muy interesante fue el paseo por las afueras de Ajaccio, con agrestes costas y vegetación mediterránea, sin excesivas construcciones turísticas, llegando hasta un punto desde el que podemos hacer un pequeño paseo y disfrutar de la vista de las islas Sanguinarias.
Finaliza la excursión con una degustación  de productos típicos (vino, queso, embutidos y dulces) y, bajo una lluvia respetable bajamos hasta nuestro barco tras una breve parada para ver la pequeña catedral y admirar las murallas de la antigua ciudadela.

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La EMOCIÓN más intensa experimentada en este país ha sido la de poder admirar de cerca los originales de las obras de arte que desde hacía años veía en libros y reproducciones. Ver de cerca la venus de Milo, la victoria de Samotracia y cuadros como el de la Gioconda de Leonardo y la iglesia de Auvers  de Van Gogh, fue algo inenarrable.
Esto en cuanto a los viajes a Paris.
El viaje a La Bretaña fue cuenta aparte porque tuvo un sabor de aventura al no tener planificado el recorrido, ir con tienda de campaña por no saber donde íbamos a dormir cada noche y dejarnos llevar por el instinto de ver y decidir en el momento. Todo el viaje fue muy emocionante por ese toque de sorpresa que podías encontrarte cada día. 





domingo, 22 de abril de 2012

FINLANDIA






Primer viaje
La primera visita a este país fue con motivo de que Helsinki, la capital, era puerto de escala del crucero por el mar Báltico que hicimos en agosto de 2008.
Llegamos a esta ciudad de madrugada porque nuestro avión (Spanair) se retrasó más de 10 horas. Salimos del aeropuerto de Barcelona casi a las 23 horas.
Como consecuencia de llegar tan tarde, nos perdimos el acto de bienvenida en el barco, las explicaciones del director del crucero, en fín, una serie de cosas que no llegamos a saber porque no estábamos allí, como es obvio.
El caso es que no nos pudimos apuntar a la excursión programada para Helsinki y la visita la hicimos por nuestra cuenta.
Lo único que visitamos fueron los monumentos más emblemáticos. Suerte que estaban al lado del puerto :
- La Iglesia Luterana : blanquísima y con su cúpula color verde, en la cima de una gran escalinata. Esto le proporcionaba la altura suficiente para que sobresaliera sobre cualquier otro edificio de la capital y así poder ser admirada ya desde que el barco se acercaba al puerto.

- La Iglesia  Ortodoxa : a pocos metros de la anterior y toda de un ladrillo de color rojo que recordaba los edificios que bordean la plaza roja de Moscú. Los tejados también presentaban un color verde que resaltaba sobre el gris general del cielo en ese día lluvioso que nos tocó en suerte.
Esta iglesia también está en un alto y desde sus patios se puede ver bonitas vistas de la ciudad y el puerto.

Bajando de esta iglesia nos encontramos una especie de mercadillo al aire libre en donde había tiendas con algunas cosas de ropa y souvenirs. Pero lo más vistoso era la multitud de puestos de comida para llevar o para tomar en unas pequeñas mesas que había allí mismo. Me llamó la atención que una de las comidas que se repetía era algo similar a las paellas nuestras. También era común encontrar puestos con una gran plancha en donde preparaban al momento espectaculares piezas de salmón que servían de inmediato.

Nos hicimos unas fotos en unas esculturas de tortugas que había por allí y en seguida nos volvimos al barco porque hacía frío y había empezado a llover. La verdad es que resultaba un día muy poco acogedor para pasear por la ciudad. 

Si hubiéramos podido contratar la excursión que el barco tenía preparada, habríamos visitado el famoso parque de Sibelius y la Iglesia excavada en la roca. Otra vez será.

Lo que si resultó muy bonito fue alejarnos de la ciudad en el barco, desde cuya cubierta podíamos admirar islitas con pequeñas casas, de color rojo, que ofrecían una imagen muy entrañable. 

Segundo viaje:

 Visitamos nuevamente Helsinki como parada obligada durante el crucero que hacemos con Pullmantur  en el mes de agosto de 2010. 
En esta ocasión tenemos tiempo, antes de ir al aeropuerto, de hacer una excursión guiada por la ciudad, pudiendo ver el parque Sibelius y la iglesia excavada en la roca, que no pudimos llegar a ver en nuestro anterior viaje.
Tras la visita a Helsinki, nos llevan en autobús a la ciudad medieval de PORVOO, que resulta ser una pequeña ciudad muy bien conservada, de calles empedradas y casas de color rojo junto al rio, formando un conjunto especialmente atractivo.
Aquí hay un museo de miniaturas que me quedo con deseos de visitar por falta de tiempo, pero sí veo muchas tiendas con casitas y otros objetos en miniatura. Se ve que aquí hay afición ¡que bonito!

La emoción que tengo asociada a Finlandia está ligada a la belleza de las muchas islas que se ven a lo largo de su costa, mientras nos alejamos de Helsinki en el barco, empequeñeciéndose poco a poco la blanca imagen de la catedral,en su pedestal, hasta parecer una de esas piezas de miniatura que tanto entusiasman en Porvoo, el pueblecito de las bonitas casas rojas, que parecen salir de un sentimental cuento de Navidad.

sábado, 21 de abril de 2012

ESTONIA



        ESTONIA


Primer viaje

            El primer viaje a este país se limitaba a visitar su capital, Tallin, porque figuraba en el itinerario del crucero por el mar Báltico que hicimos en agosto de 2008, con Ibero Cruceros, en el Grand Voyager.
            TALLIN
            Nunca hubiera imaginado que esta ciudad pudiera gustarme tanto. Sólo tuvimos tiempo de visitar el centro, al que llegamos tras un corto paseo desde el muelle y nos encontramos con su puerta y murallas perfectamente conservadas.
            ¡Pero que ciudad más bonita! Te traslada a la Edad Media por lo perfectamente conservadas que están sus calles, plazas y casas.
            Es un paseo imborrable, bellísimo. No sabes donde acudir para hacer fotos porque todos los rincones son bellos y con detalles decorativos.
            La plaza del Ayuntamiento, con la Farmacia más antigua de Europa, el edificio del Ayuntamiento, todo es bonito ¡y eso que llovía a cántaros y nos mojamos como sopas! A pesar de lo calados que estábamos, íbamos impresionados por tanta belleza. Aún así, encontramos la famosa tienda de los conocidos chocolates Kalev y compramos un montón de cajas para nosotros y para hacer regalos.
            Tras subir una pequeña cuesta empedrada, nos encontramos con otra preciosidad: la Iglesia ortodoxa, de líneas sencillas dentro del estilo de iglesias rusas y cuyas cúpulas sobresalen entre los edificios formando un cuadro exótico y original.
            Desde un mirador observamos la ciudad y el puerto, en donde hay atracados numerosos barcos que realizan cruceros. Se ve que es una ciudad que se ha puesto de moda para el turismo y, después de verla, lo comprendo.
 Enseguida bajamos para regresar al barco y, desde cubierta, observamos la ciudad con sus torres de aguja, conos de color rojo y murallas, que forman un paisaje de cuento de hadas.
                                                  
 Segundo viaje

Visitamos nuevamente Tallin por ser escala en el crucero que hacemos con Pullmantur en agosto de 2010. Bajamos del barco y hacemos de guías de una pareja sevillana, visitando el centro antiguo de la ciudad, entrando como en el anterior viaje, por la puerta de sus famosas murallas. Hoy llueve, igual que la primera vez y hacemos el mismo recorrido.  Sigue pareciéndome una ciudad preciosa.

Desde un alto podemos divisar los tejados de la ciudad y la vista es fantástica con sus torres de aguja y el rojo de sus tejados recortando el azul del cielo. Muy bonito.
Regresamos al barco paseando porque ha dejado de llover y desde cubierta, otra vez nos despedimos de Tallin admirando su emocionante belleza  sin igual.

lunes, 16 de abril de 2012

EGIPTO


El viaje a Egipto fue en diciembre de 2004, del 6 al 13, aprovechando días de fiesta que me quedaban en mi trabajo y pensando en que eran buenas fechas para no pasar demasiado calor durante el circuito.
El avión salía desde Madrid y hacia allí nos dirigimos en tren desde Valencia. Salimos hacia Egipto a las 3 del mediodía y pasamos 5 horas de vuelo muy bueno, sin ni siquiera turbulencias. La llegada era al aeropuerto de Luxor y desde allí nos trasladarían en autobús (60 Km.) al barco en el que íbamos a hacer el crucero por el Nilo.
Crucero por el NILO
La primera fuente de divisas de Egipto es el turismo. De esto es una prueba fehaciente la imagen que te encuentras cuando te llevan a tu barco de destino para hacer el crucero. Hay tal cantidad de barcos de todo tipo que parece que no se van a poder mover de ahí. Un detalle: para alcanzar nuestro barco teníamos que atravesar unos cuantos que estaban delante y así te pasabas un buen rato cruzando recepciones y tablas suspendidas en el aire (algunas tan elevadas que se pasaba un poco de vértigo al cruzar por ellas).
Nuestro barco, llamado Prince Omar, era del tipo medio pero cumplía con todas las necesidades que pudiéramos tener. Los camarotes eran todos exteriores, con lo que podías tener una buena visibilidad y admirar los bellos paisajes de las orillas del Nilo en la intimidad. Era una gozada ver la ribera verde y cubierta de palmeras, con los pastores y sus ovejas, los niños corriendo saludándote y algun que otro lugareño subido en un burrito que trotaba a toda prisa. ¿Y las tonalidades del cielo al atardecer? Indescriptibles.
Arriba del todo, en cubierta, había una piscina y tumbonas, sillas y mesas de sobra, y toldos para protegerte del sol. Podías subir allí a cualquier hora y encontrar lugares para contemplar el amanecer, el atardecer o simplemente tomar un te en compañía.
Allí tuvimos varias tertulias con nuestro guía, Mohamed. Era un guía buenísimo, nos acompañaba a todas partes, hablaba perfectamente el castellano y era muy amable. Nos explicó en algunas de las tertulias que mantuvimos en cubierta, muchas de las costumbres egipcias y las condiciones de vida de la gente, además de contestar a todas nuestras preguntas. Cuando terminó el crucero hicimos una colecta entre todos y le dimos una buena propina porque verdaderamente se la merecía.
El ambiente en el barco fue muy agradable. Los camareros eran muy simpáticos y las comidas sencillas pero para mi gusto estaban muy bien (aunque ahí siempre hay quejas porque en esto de la gastronomía hay gente muy exquisita).
Llegamos a participar en una fiesta que nos organizaron en el que todo el mundo tenía que disfrazarse. Naturalmente todas corrimos a comprarnos chilabas y tocados para la cabeza. Aquí me compre tal cantidad de chilabas que casi no me cabían en la maleta porque el precio era el mejor que había visto yo nunca y la variedad increíble.
Además de la fiesta, bailamos en la discoteca y aprendimos los pasos más elementales de un baile típico de allí.
En resumen, el crucero por el Nilo merece la pena porque se pasa muy bien y resulta todo el ambiente muy agradable. Lo malo era que te despertaban de madrugada para llevarte a hacer las excursiones, pero eso tiene su explicación: el calor del mediodía era insoportable y había que hacer todas las visitas antes de que el sol alumbrara con fuerza.
LUXOR, KARNAC, EDFU, KOM OMBO y ABU SIMBEL
Estas eran las paradas más importantes del crucero. La primera visita fue a los templos de Carnac y de Luxor. Dicen de aquél que es el más grande del mundo e impone su larga avenida de columnas y esfinges que yo tantas veces había visto en los libros de historia.
Tras esta visita nos llevaron en autobús a recorrer el Valle de los Reyes y de las Reinas y ahí ya empezamos a sufrir un calor imponente porque el recorrido es largo y el lugar muy árido y sin protección alguna de sombra. Allí se encuentran las tumbas de Ramsés IV y de Tutankamon.
El templo de Edfu es menos conocido pero una auténtica maravilla y además muy bien conservado. Aquí se encuentra la magnífica estatua de granito negro que representa al dios Horus y que parece que está guardando el patio. La vuelta al barco desde este templo se hace en calesa, lo que resulta ser un espectáculo gracioso y lleno de exotismo porque había tanta gente, burros y autobuses de turistas, que todo parecía indicar que de ahí no se iba a poder mover nadie.
Otra visita que merece la pena resaltar es la del templo de Kom Ombo, cuya silueta se dibuja en el cielo y lo puedes admirar en toda su majestuosidad desde el barco, que se va acercando poco a poco.
La visita a Abu Simbel merece capítulo aparte porque es una excursión que hay que pensarse debido a que se encuentra muy lejos de donde atracan los barcos y hay que salir a las 3 de la madrugada para llegar a una hora de calor soportable. Este viaje en autobús se hace todo el tiempo protegido por coches de policía y dura casi 3 horas.
Pero la verdad es que cuando ves frente a ti las 4 inmensas estatuas de los faraones sentados presidiendo la entrada al templo se te olvida el madrugón y el largo rato de autobús porque verdaderamente son unas joyas magníficamente conservadas. Rodeando estos maravillosos templos, hay unos bellos paisajes en donde el verde de los pinos contrasta con el azul del agua de la presa de Aswam.
El pueblo NUBIO
Hay una excursión que merece la pena hacer: conocer un poblado Nubio. Allí se llega en barca hasta una zona desértica y luego, quien lo desea, puede hacer el camino hasta el pueblo en camello o, quien no quiera, se da un paseo que no resulta demasiado largo pero que sí es un poco incómodo por la arena.
El pueblo nubio es una comunidad que sigue con sus tradiciones y mantiene un estilo de vida comunitario. En las casas hay un gran patio interior que es donde se hace la vida en común. A él dan las habitaciones de la gente que allí vive. También hay una escuela a la que acuden los niños y allí aprovechó nuestro guía para explicarnos algunas palabras básicas y el alfabeto árabe.
En el patio comunitario pasamos un buen rato mientras nos explicaban la forma de vida de esta gente que nos acogió con amabilidad y que nos hicieron tatuajes con hena y con gran habilidad. A mi me hicieron un tatuaje de la llave de la vida y otro del ojo de Horus. También nos invitaron a tomar té y pasamos un rato muy agradable. La vuelta fue también simpática porque lo hicimos en una barca en donde todo el tiempo fuimos cantando, bailando y escuchando la música de instrumentos típicos egipcios.
Desde el aeropuerto de Aswan tomamos un avión que nos iba a llevar a la capital, El Cairo. Menos mal que el viaje era corto porque era un vuelo doméstico sin ninguna comodidad y creo que incluso había gente de pie porque iba a tope de lleno.
El Cairo es una ciudad que impresiona por lo inmensa que es. Como dato basta decir que alberga 20 millones de habitantes. Es también una ciudad caótica. El tráfico parece que no atienda a ninguna regla y cruzar una calle es un acto heroico o más bien suicida.
También es una ciudad de contrastes porque al lado de edificios lujosos y en pleno centro de la ciudad, te encuentras casas ruinosas que parece que vayan a caerse a pedazos. Crees que están deshabitadas pero no, te das cuenta de que allí vive gente. Dicen que vive gente hasta en los panteones del inmenso cementerio de la ciudad. Tal es el nivel de pobreza que se puede encontrar en esta inmensa ciudad.
Me llama también la atención que en esta ciudad moderna, se ven muchas mujeres no sólo con pañuelo en la cabeza; hay muchas que van totalmente tapadas con un manto negro que las cubre por completo.
La primera visita que hacemos al día siguiente de llegar a esta ciudad es la de las Pirámides de Gizeh y la Esfinge. Es una visita fascinante.
Ya la noche anterior, cuando íbamos paseando por la ciudad, desde algunos puntos se podía observar la silueta de una de las pirámides y te sobrecogía la magnificencia y halo de misterio que desprendía. Pero verlas por la mañana, en medio de esa zona desértica y en tan perfecta armonía, provocaba una fuerte emoción. Al menos a mí me impactó mucho esta visita. También estar al lado de la Esfinge, que tantas veces había visto en fotografías y libros, me llenó de gozo. Hay que señalar también que la fuerte contaminación de la ciudad es la causa de que una especie de niebla lo cubra todo y eso también favorece que la silueta de las pirámides resulte tan sobrecogedora.
Por la noche acudimos a un espectáculo de luces y sonido en este mismo lugar y me dieron un buen susto porque resulta que yo llevaba en el bolso un artilugio que era linterna y brújula pero que se ve que tenía una pinta rara porque me pararon allí mismo en la entrada y la desmontaron por completo antes de dejarnos pasar al interior de los jardines donde se encontraban las sillas desde las que podías admirar el espectáculo.
Otras visitas que merecen la pena en El Cairo son : la Mezquita de alabastro y la ciudadela ; el barrio copto (en donde hay un lugar de culto por haber sido posada para la virgen María, José y el niño Jesús. Pero sobre todo vale la pena visitar el Museo de antigüedades egipcias. Aquí se puede admirar el sarcófago de oro de Tutankamón y famosas estatuas, como la del escriba sentado, con los característicos ojos de cuarzo que les dan aspecto de seres vivos. No me extraña que algunos salteadores de tumbas salieran huyendo al encontrarse con estas figuras que parecía que los estaban mirando.
El último día de estancia en El Cairo nos dedicamos a pasear por la ciudad e ir de compras. Creo que es el lugar en donde más compras he hecho. Había de todo y a muy buen precio, así como variedad de souvenirs, que llevamos para toda la familia.
Ya en el hotel, después de pasar las puertas de seguridad, con sus guardias permanentes (que protegen el turismo), subimos a la terraza del hotel a despedirnos de la silueta de las magníficas Pirámides.
La EMOCIÓN más intensa experimentada en este país fue la magnífica visión de las 3 Pirámides de Gizeh desde el ángulo que pemite la alineación perfecta y armoniosa. Junto a este recuerdo precioso, mantengo en mi memoria la tranquila navegación por las aguas del Nilo y sus bellas orillas adornadas de palmeras.

DINAMARCA


DINAMARCA

Primer viaje

Fue en en agosto de 2008 con la visita a la capital como puerto de regreso a casa al finalizar el crucero que hicimos por el mar Báltico con el Grand Voyager.
Atracamos en el puerto con una lluvia intensa y un aire tal que no nos servían los paraguas. Caminando para salir a buscar taxi, nos calamos hasta los huesos. Menos mal que a los pocos minutos encontramos un bus turístico y nos subimos a él sin pensar más (costaba 18 euros por persona y podías subir y bajar cuando y donde quisieras hasta regresar al puerto).
El bus estaba en las últimas, parecía tercermundista en lugar lo propio de estar en uno de los países más ricos de Europa, pero los auriculares funcionaban y pudimos escuchar alguna que otra información interesante.
La primera parada fue en la famosa Sirenita. Muy linda. Solitaria, mirando al mar, sencilla y bella esa figura tan conocida ….pero había tanta gente admirándola y haciéndose fotos que apenas pude yo sacar un par de ellas de recuerdo del lugar.
Rápidamente volvimos al bus porque seguía lloviendo copiosamente. Pasamos por el famoso muelle donde hay montones de cafés al aire libre y barcas atracadas. Un lugar precioso para pasear (si se pudiera). Como arreciaba la lluvia seguimos en el bus hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento donde necesariamente hay que bajar y coger otro autobús.
Paró un poquito la lluvia y pudimos bajar a ver el ayuntamiento que está al lado del famoso parque Tívoli, del que sobresalen por el cielo como volando columpios con gente pasándoselo pipa a pesar del mal día de lluvia.
Paseamos un rato por una calle peatonal y compramos algunos souvenirs. Regresamos pronto al bus porque el tiempo se nos echaba encima y éste era nuestro día de regreso a Barcelona.
Ya en el bus otra vez arreció la lluvia y dentro de él todavía nos mojamos porque había agujeros (¡!) en la lona del techo. Para colmo se averió y tuvimos que bajarnos y choparnos mientras nos pasábamos al otro bus turistico. Llovía tanto que no veíamos nada a través de los cristales. Una pena porque eso es lo poco que he visto de Copenhague. Parece una muy bonita ciudad. Tengo que volver.
Segundo viaje
Fue en agosto de 2010. Esta vez como punto de partida del crucero de Pullmantur por el mar Báltico. El lugar de embarque era COPENHAGUE y, como llegamos tarde, fuimos directos del aeropuerto al barco, con lo que no nos dió tiempo de hacer ninguna excursión y simplemente pasamos con una rápida panorámica por algunos puntos de la ciudad. Está visto que a Copenhague habrá que ir de otra forma y no por un crucero si queremos pasear por sus calles.
De lo poco que ví de esta ciudad, lo que más recuerdo y con lo que la asocio, aparte de con la lluvia intensa, es con la bella sirenita, una escultura sobria y sencilla pero de fuerte expresividad.

domingo, 26 de febrero de 2012

CUBA


CUBA

Este país merecería capítulo aparte o un libro entero porque fueron muchos los viajes que realicé y que tuvieron una repercusión muy importante en mi vida.

Primer viaje

Fue en el verano de 1993, con el objetivo de visitar a mi amiga Marta Martín, a la que había conocido durante su estancia en Valencia por una beca, concretamente para investigar en la unidad del Dolor del Hospital en donde yo trabajo y me había invitado a visitar el centro donde ella ejercía como Psicóloga.

Viajé con una compañera de carrera y de la clínica que acabábamos de inaugurar en Valencia para atención psicológica.

Fue una pesadilla esta compañera porque no paraba de protestar por las condiciones tan precarias en las que vivíamos en casa de Marta. No hay que olvidar que era el comienzo del Período Especial (nombre con el que se conoce es periodo marcado por la caída de la URSS en 1991 y que agravó las consecuencias del brutal bloqueo que sufría la isla impuesto por USA desde 1960) y la gente vivía con muchas necesidades. Pero en lo que si estuvo de acuerdo conmigo fue en el alto nivel de formación de todos los psicólogos/as que allí conocimos y de los/las médicos, que trabajaban con plena dedicación a pesar de las dificultades dejando bien patente que era cierta la información de que Cuba posee el mejor sistema educativo de toda Latinoamérica y la mejor Sanidad pública gracias a las importantes reformas que emprendió la Revolución en 1959 al derrocar al corrupto régimen del coronel Fulgencio Batista.

La HABANA

Este primer viaje fue fundamentalmente para conocer el Hospital donde trabajaba mi amiga como psicóloga (Hospital 10 de Octubre) y el Hermanos Amejeiras, el Hospital de mayor prestigio, con una Unidad de Psicología Experimental que hubiera dado envidia a cualquiera de los hospitales más punteros españoles, entre otras cosas porque aquí la Psicología no se consideraba ni siquiera relacionada con la sanidad. Además visitamos el Hospital Psiquiátrico, de reconocida fama internacional y con razón, porque allí se impartían las terapias más avanzadas, aquí prácticamente desconocidas. Recuerdo que pudimos ver una sesión de Musicoterapia, tratamiento completamente desconocido por aquí. Nos acompañó en toda la visita un médico del centro que nos estuvo explicando la dinámica de trabajo y respondiendo a todas nuestras preguntas, resultando una visita muy fructífera para nosotras, que comparábamos ese sistema con el de aquí tan desinteresado por los enfermos mentales y donde la Psicología no era considerada profesión sanitaria. Incluso allí, las psicólogas que conocimos, tenían ayudantes: las Psicometristas, dedicadas exclusivamente a pasar las pruebas psicológicas.

Aprendimos mucho de estas visitas y nos quedamos muy gratamente sorprendidas del alto nivel de preparación de todo el personal que en estos Hospitales trabajaba. Un detalle, psicólogos trabajando codo con codo con los médicos en equipos multidisciplinares, cosa impensable en nuestro país.

Efectivamente pudimos visitar todos estos lugares que nos enriquecieron enormemente desde el punto de vista profesional, pero, además tuvimos tiempo de visitar lugares típicos y turísticos de la ciudad como:

- los famosos helados de Copelia, en un parque precioso, muy fresco y en pleno corazón de la ciudad. La famosa película Fresa y Chocolate se recrea en este lugar.

- probamos el daikiri del Floridita y el mojito de la Bodeguita de El Medio, lugares que fueron frecuentados por Hemingway, siempre llenos de gente, por lo que es difícil conseguir un lugar donde sentarse, sobre todo en la bodeguita, cuyas paredes están llenas de notas y de recuerdos de famosos que pasaron por allí.

- paseamos por la Habana Vieja, centro histórico de la ciudad, con un patrimonio arquitectónico de gran riqueza, con estilos mudéjar, barroco y neoclásico, por lo que el barrio colonial está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

- Paseamos por el parque de la Plaza de las Armas, en cuyo centro hay una estatua de Céspedes, el padre de la patria, y rodeada de puestecitos de libros usados, en donde abundan libros sobre la Revolución y sus protagonistas, sobre todo el Che, muy admirado y omnipresente en toda Cuba. Los precios de los libros son muy asequibles y pude cargar con un montón de títulos muy interesantes.

-Plaza de la Catedral, bellísima y rodeada de impresionantes palacios, como el del marqués de Aguas Claras, con la particularidad de las dos torres asimétricas flanqueando la fachada barroca del templo.

-El Palacio de los Capitanes, también de estilo barroco y con un importante museo de la ciudad en su interior, que recoge la historia de Cuba.

-el Malecón (paseo marítimo de 8 km.), al final de una espectacular avenida Paseo, bordeada de parques, que nace en la Plaza de la Revolución, atraviesa el Vedado y acaba en el mar. La plaza de la Revolución tiene una capacidad para más de un millón de personas y es el lugar de reunión de los grandes acontecimientos, como ocurre en todos los días 1º de mayo y el 26 de julio. En el centro hay una estatua de José Martí, el héroe nacional, ante un obelisco de 139 metros, que es el punto más alto de la ciudad y desde cuyo mirador, se puede apreciar una panorámica de la ciudad inigualable. Frente a este monumento, se encuentra el Ministerio del Interior, en cuya fachada hay una inmensa imagen del Che.

A mi todo me parecía maravilloso. Pero lo más impactante era sobre todo la gente, tan cariñosa, simpática y divertida. Y qué decir de nuestros anfitriones: tanto Marta como su marido nos acompañaban a todas partes, eran nuestra sombra y se deshacían en detalles con nosotras para que nos sintiéramos bien. Conocimos a las familias de ambos y eso fue motivo de fiestas, cantos con guitarra y bailes. Tengo un recuerdo especial del padre de Marta, que cantaba y tocaba la guitarra como nadie. Un día vinieron sus amigos tangueros a interpretar sus piezas preferidas.

Todo era una fiesta, no sólo con las familias. También las vecinas eran ingeniosas y charlatanas. En el rellano podíamos pasar horas de casa en casa, con los niños entrando en unas y saliendo de otras. Desde luego no te aburrías de soledad ni un solo momento. Y, dentro de la precariedad, unas se prestaban a otras lo que les hacía falta, en una sinfonía de ayuda mutua que a mí me emocionaba.

Todas estas formas de relación tan emotivas y solidarias a mi me impactaron, al igual que la lucha de la gente por sobrevivir ante tanta escasez. Yo sentía mi corazón a punto de estallar y notaba que algo me estaba tocando en lo más profundo.

Volviendo al viaje turístico, visitamos:

PLAYAS DEL ESTE.

A unos 20 km. de La Habana se encuentran estas playas que son las que normalmente disfrutan las gentes de la capital y muchos turistas. Aquéllas van habitualmente con transportes colectivos o hacen botella (autostop) y los turistas con taxis o coches de alquiler. Son playas de agua templada, con arena fina y blanca.

PINAR DEL RIO y SOROA

Son lugares muy cercanos a La Habana y que merece la pena visitar porque hay rincones preciosos, de exuberante vegetación y una inmensa cascada, que alcanza los 35 metros. Ahí se encuentra también un famoso orquidario.

SAN ANTONIO DE LOS BAÑOS

Pasamos un día de excursión en este lugar privilegiado de la naturaleza, que se encuentra bastante cercano a La Habana y para el que pudimos conseguir un trasporte. La vegetación era exótica y el frescor que te envolvía muy agradable. Tuvimos que cruzar un puente que atravesaba el río. Era un puente colgante en el que yo pasé algo de miedo y me sentí como una heroína de las películas de Indiana Jones.

Aquí hay una famosa Escuela de Cine y es lugar muy visitado por los brigadistas que en los veranos se desplazan con la Asociación de Amistad con Cuba José Martí.

VARADERO

Estuvimos un fin de semana en un apartamento que alquilamos en estas playas turísticas y cuyas calles, hoteles y restaurantes, eran como los de cualquier lugar del mundo donde la gente pasa sus vacaciones de sol y mar.

Segundo viaje

Al año siguiente (1994), durante mis vacaciones de verano, tuve que volver porque aquel país y aquella gente se habían convertido en mi casa y en mi familia y yo sentía una necesidad irresistible de visitarlos para llevarles todas las cosas de primera necesidad que observé que les hacia falta y que allí no se podían conseguir. También llevaba una importante suma de dinero para entregar en la Federación de Mujeres Cubanas de un proyecto de desarrollo que nos habían concedido a la organización a la que yo pertenezco (Sodepau) y así, aprovechando mi viaje, me entregarían las facturas originales de los gastos hechos y no corríamos el riesgo de que se extraviaran en el correo.

Esta vez llevé conmigo a mi hija, que ya en el avión se puso enferma, con fiebre alta y tuvimos que visitar, y así conocer de primera mano, el famoso sistema sanitario cubano, en el que nos atendieron muy bien, enseguida y con mucha efectividad. Resultó ser una viriasis sin importancia, por suerte.

Este viaje fue todo de familia. Mi hija Ana iba preferentemente con los hijos de Marta y con sus sobrinitos y pudo conocer de primera mano esa otra forma de vivir, fuera de lujos y con ese clima de solidaridad entre la gente. Yo paseaba con Marta, con la familia y amigos. Cada día conocía más gente y me sentía más en mi casa.

Mi hija y yo nos hospedábamos en un hotel pero pronto nos marchamos a casa de mi amiga, a pesar de que ella me había advertido de los apagones, la falta de ascensor (y vívía en un piso 14) y las cucarachas. Sus advertencias no sirvieron de nada porque, tanto mi hija como yo, preferíamos estar más tiempo con nuestra nueva familia.

En este viaje pude presenciar la multitudinaria salida de balseros desde el Malecón y vivimos en casa de los padres de Marta horas de angustia y una especie de toque de queda autoimpuesto porque no se sabía qué iba a pasar en el país. Pero la total normalidad se impuso enseguida sin que ocurrieran disturbios ni tuviera que intervenir ningún tipo de fuerzas de seguridad.

Lugares nuevos que visitamos en este viaje fueron:

-El parque Lenin, en donde pudimos disfrutar con todos los niños y las niñas de la familia de Marta, pasando un día agradable al aire libre.

-Cementerio principal, un lugar en el que trabajaba como responsable el cuñado de mi amiga y que nos mostró verdaderas obras de arte entre las esculturas que acompañaban a los nichos. Aunque parezca extraño, es un lugar de visita obligatoria.

Cuando regresamos a España, mi hija estaba tan triste como yo. También había prendido en ella la misma emoción intensa que a mí me embargaba hacia nuestra familia habanera. Nosotras volvíamos a la sociedad de la abundancia, dejándola a ella en la de la escasez.

Tercer viaje

Al verano siguiente (1995) volví a ir. Esta vez abandonamos por más tiempo La Habana, haciendo turismo por la isla. Ibamos junto a un grupo de amigos de Marta y su marido.

Valle de VIÑALES, CAMPISMO Y ARTEMISA.

Bonitos paisajes, palmeras por todas partes, buena gente, mucho baile y mucho cantar, a veces bajo los efectos de un buen ron.

Tuvimos la suerte de tener cabañas libres en el campismo Las Chorreras y allí pasamos unos días de felicidad indescriptible, bañándonos en un rio repleto de pequeñas cascadas de agua cristalina.

En el valle de Viñales se encuentran los famosos Mogotes (montes chatos) que por lo visto no se encuentran en ningun otro lugar del mundo

En el pueblecito de Artemisa estuvimos en casa de una pareja amiga y allí pude conocer de primera mano la dura vida de los campesinos que cortan la caña de azúcar.

Cuarto viaje

Fue en este mismo año, 1995, pero en invierno. Yo no tenía otro pensamiento en Valencia que el de volver allí y llevarles todo lo que había anotado que les faltaba. Fue un viaje de disfrutar callejeando por La Habana o paseando por el Malecón, donde la gente se reúne por la tarde para tocar la guitarra y cantar. Salíamos en bicicleta o caminando y eso solamente ya era para mí una delicia, tan diferente a todo lo que yo pudiera hacer en mi ciudad. Llegué a conocer muy bien las calles de la Habana, ciudad que se había convertido en mi casa. Tenía la sensación de que ése era mi lugar en el mundo porque en ningun otro sitio me sentía mejor ni más viva.

Quinto viaje

Volví al año siguiente, en el verano de 1996. Esta vez también viajamos por la isla en un coche alquilado, con el que pudimos ver muchos más lugares de los que habíamos visto en ninguno de los viajes anteriores.

GUAMA, TRINIDAD, CIENFUEGOS .

Fue un viaje precioso y lleno de aventuras que sólo pueden ocurrir en un lugar como Cuba y que si contara aquí, llenaría el blog de páginas y páginas interminables. Digna de mención especial es la ciudad de Trinidad, una joya colonial cuya plaza mayor es tan original que yo creo que no hay otra igual en el mundo.

Sexto viaje

Este mísmo año, 1996, decidí pasar el fin de año en La Habana. Iba cargada con montones de maletas porque además de todos los regalos que llevaba yo a mi familia, había cargado con gran cantidad de paquetes que me había pedido mucha gente que llevara a sus propias familias. Yo recogía los paquetes y ni siquiera miraba lo que había dentro. Ahora pienso que fui demasiado confiada y hubiera podido llevarme algun disgusto. Lógicamente, una persona viajando sola y con tanto equipaje levantó sospechas y me revisaron una por una cada maleta en el aeropuerto de Varadero. Tuve que pagar un dólar (me pusieron ese precio simbólico por no estar calculando precios) por cada regalo. Y allí me tuvieron durante horas, un retraso que por mi culpa sufrieron todos los viajeros del autobús que nos llevaría a La Habana.

En ese viaje pasábamos los días paseando, visitando a la familia y en casa de Marta, hablando, bailando y jugando a juegos de mesa muy psicológicos, muchos de ellos inventados por la inacabable y creativa imaginación de mi amiga.

Pero toda la risa se convertía en llanto cada vez que tenía que marcharme para regresar a mi país. Y cuando después de una noche entera de vuelo, tomaba tierra en Madrid y luego llegaba a Valencia, todo este mundo, más rico y ordenado, me parecía irreal, sin vida, y a los pocos minutos ya comenzaba mi añoranza de aquella isla.

Sèptimo viaje

Fue en el verano de 1997. Alquilamos una casa en la playa y allí pasamos varios días, bañándonos, tomando el sol, bailando y cantando como siempre.

Este mismo año, pero en noviembre, volví a Cuba, esta vez de paso para llegar a Colombia.

Octavo viaje

Con motivo de ir como Ponente a un Seminario Internacional de Psicología a celebrar en Colombia, fui a Cuba a recoger a Marta para salir desde allí hacia Bogotá.

Esta vez no iba sola. Me acompañaban mis amigos Jose Ten y Fernando Idáñez.

Pasamos unos pocos días en la Habana, lo justo para ver a la familia y salir a dar algun paseo. Luego nos fuimos Marta, Fernando y yo a Colombia y Jose se quedó en La Habana. También viajaba con nosotros el Director del Instituto de Reumatología donde trabajaba Marta. El relato de este viaje figura en la página dedicada a Colombia.

Noveno viaje

De regreso del Seminario en Colombia volvimos a La Habana. El clima era tenso porque habíamos discutido entre nosotros. Aun así, estuvimos un par de dias con la familia, bailando y cantando. Este fue mi ultimo viaje a Cuba de la serie ininterrumpida de ellos durante cinco años.

Décimo viaje

Después de ocho años sin pisar tierra cubana, regresé en el 2005. Esta vez en grupo. Aproveché una oferta muy buena de viaje con los puntos de la tarjeta travel, que nos incluía en un precio muy razonable la estancia por tres días en el emblemático Hotel Nacional, un lugar privilegiado desde el que se divisa toda la bahía y, al fondo, el castillo del Morro. Desde mi habitación podía disfrutar de esta vista maravillosa, al amanecer, y de los jardines que rodean al hotel por donde también era una delicia pasear.

En este viaje visitamos nuevamente la Habana porque mis acompañantes era la primera vez que viajaban a Cuba. Fuimos a todo lo típico, incluido el castillo del Morro y presenciamos el cañonazo de la Cabaña (a las 9 en punto de la noche). Paseamos por el Capitolio (réplica exacta del norteamericano, pero con unos pocos metros más de altura), vimos de pasada la plaza de la Revolución con la inmensa estatua de Martí y la imagen del Che sobre la fachada del Ministerio del interior, el gran teatro de La Habana, la plaza de armas, en fin toda la Habana vieja y la Habana moderna, que ya he comentado en mi primer viaje.

SANTIAGO DE CUBA y El COBRE

Alquilamos dos coches e hicimos un estupendo viaje cruzando toda la isla para llegar a Santiago de Cuba y, en particular, al pueblecito de El Cobre, donde vive parte de la familia de mi amiga.

Fueron días entrañables con esta familia tan cariñosa y que, lamentablemente, pasaba muchas necesidades. Pero, como ocurre en toda Cuba, allí todos los niños, niñas y jóvenes estudiaban y también podían ir a la Universidad (en Santiago). La difícil situación económica de la isla no era óbice para que todo el mundo dispusiera de los servicios básicos en materia de salud y educación, como comprobamos cuando visitamos el Centro Sanitario que allí había, la Escuela y la Biblioteca.

Estuvimos alojados en la hospedería de la Iglesia y, aunque era muy rústica y sencilla, la estancia fue muy agradable, sobre todo por las magníficas vistas a la Sierra que se disfrutaba desde las amplísimas terrazas que te encontrabas cuando salías de la habitación.

Santiago de Cuba merece la pena. La plaza de la catedral, las vistas desde lo alto del castillo del morro, sus estrechas y empinadas calles que acaban en el mar…hasta su cementerio merece la pena visitarlo y esperar al cambio de guardia en la tumba de Jose Martí.

De vuelta hacia La Habana pasamos por:

SANTA CLARA

Aquí pudimos visitar el mausoleo del Che y hacernos un montón de fotos delante del monolito con su famosa frase de despedida : “Hasta la victoria siempre”.

VARADERO

Hicimos un viaje programado a Varadero, al que nos acompañaron Marta y su marido. Encontré allí el agua más limpia y cristalina que hubiera visto jamás, en toda mi vida. Después de los baños, comimos en un buffet fuera de serie acompañados de la música de una orquesta de son. Marta y Jorge bailaron un casino perfecto.

El alojamiento en este viaje a La Habana, lo tuvimos en una mansión colonial preciosa, en la zona del Vedado, en pleno corazón de la ciudad, con un jardín lleno de plantas y que te sumergía en los años 50 sin darte cuenta. Cerrando los ojos casi podías ver la entrada triunfal de los barbudos y la euforia de aquellas gentes. Estas casas tienen un aire señorial y al mismo tiempo del pueblo, puertas y ventanas todas abiertas, como en una perfecta convivencia con la calle y los vecinos.

A lo largo de todos estos años, además de la relación emocional con mi familia cubana, pusimos en marcha algunos proyectos de desarrollo de forma conjunta a través de SyD y SODEPAU, como la ayuda financiera al servicio de psicología del Instituto de Oncología y el proyecto de colaboración y dotación a la Sede Universitaria del Cerro. Personalmente, no conozco profesionales mejor formados que los cubanos ni con un talante tan solidario, como han demostrado a lo largo de los últimos 50 años, acogiendo en sus universidades a estudiantes del mundo empobrecido, que de ninguna otra forma hubieran podido formarse.

La Habana, la ciudad que yo amo, para mí la más bella. Y Cuba, como símbolo de dignidad y resistencia, inigualable país, mi segunda casa y el lugar al que yo quisiera siempre volver.-------------------------------------

CRUCEROS por el ATLÁNTICO, BÁLTICO Y MEDITERRÁNEO


CRUCEROS

Me gusta mucho el mar. Puedo pasar horas mirándolo. Supongo que ése es uno de los motivos de que me gusten los cruceros. Desde 2008 hasta el 2011 he realizado 6 viajes en barco y voy a exponer algunas de las razones por las que me gusta viajar de esta manera:

1.- Es una forma de viajar desestresante porque, como decía al principio, me gusta mucho observar el mar. Tiene un efecto hipnótico sobre mí y me relaja. Además se desconecta de los problemas porque es muy variado el abanico de entretenimiento que te proponen.

2.- Por las mañanas se desembarca en puerto y se hace turismo por la ciudad o ciudades cercanas, pudiendo apuntarse a gran número de excursiones que ofrece el propio barco, con lo que se se aprovecha mejor el poco tiempo disponible por estar ya todo organizado. Eso sí, es más caro que si vas por tu cuenta.

3.- Hay pensión completa. Para quienes gustan de la comida, tienen variedad de platos y muy buena cocina (al menos en Ibero Cruceros y en Pullmantur).

4.- Por las tardes-noche, ya después de las excursiones, en el barco se ofrece multitud de entretenimientos: desde talleres de cocina o bailes de salón, hasta concursos de juegos de mesa, aparte de música en directo por los diferentes salones. Y todas las noches, antes o después de la cena, espectáculo, que suele tener un buen nivel artístico.

5.- A lo largo del día, tanto si no se desea bajar a puerto porque ya se conoce el lugar o bien porque todo el día es de navegación y no hay tierra a la vista, el barco ofrece gran cantidad de lugares y rincones donde perderse para leer, admirar el mar o escuchar música con tranquilidad, porque la gran mayoría de la gente se concentra en las terrazas, en las salas de juego y en los bares.

6.- Es la forma de viajar que permite visitar más lugares en menos tiempo y sin cambiar de hotel, con lo que no tienes que ir con la maleta de aquí para allá.

7.- Te evitas el paseo por los aeropuertos, que a mi me resulta muy pesado y estresante. Claro, hay cruceros que salen de puertos lejanos y para llegar a ellos hay que tomar un vuelo, pero hay muchos y variados cruceros que salen de Barcelona y de Valencia.. Esos son ideales para mí.

8.- La penúltima razón, pero que podría ser la primera por su importacia, es porque resulta la forma de viajar más económica. Sobre todo los cruceros por el Mediterráneo y que no incluyan vuelos. La mayoría de la gente tiene la creencia de que los cruceros son caros pero yo puedo asegurar que, si se mira bien las fechas, se reserva en el momento oportuno y, por supuesto, te conformas con un camarote interior, es la forma de viajar más barata que hay. Claro, sin contar excursiones ni los extras que puedan surgir, pero eso ya son opciones que te ofrecen y que tú aceptas o no.

9.- Y la última es el personal que trabaja en el barco. Hay gente de muchos países diferentes, desde los que se dedican a la animación hasta los que atienden en cafeterías, restaurantes o arreglan los camarotes. Llegas a conocer detalles de sus vidas, en sus países, de por qué decidieron embarcarse y pasar meses navegando con esta forma de trabajo peculiar que posibilita recorrer el mundo….he conocido a mucha gente en los barcos, con los que he mantenido correspondencia por e-mail a lo largo del tiempo.

Estas son las razones por las que he viajado repetidamente en barco. Por supuesto hay aspectos negativos, como la posibilidad de que el mar esté revuelto y tu estómago pase ratos desagradables pero, bueno, nada es perfecto. Otro aspecto negativo puede ser la aglomeración de gente (cosa que se soluciona parcialmente si viajas en periodos no vacacionales). También he leído algo sobre la importante contaminación del mar que se produce por culpa de estos hoteles gigantes. Esto si que tengo que mirarlo más detenidamente e informarme bien y, si es así….será una lástima pero habrá que dejar entonces de viajar de estar manera, por mí que no sea.

A continuación describo de forma muy resumida los 6 cruceros realizados.

2 CRUCEROS POR EL MAR BÁLTICO

1.-El primer viaje fue en el verano de 2008, en el Grand Voyager (Ibero Cruceros) con el siguiente itinerario: HELSINKI-TALLIN-RIGA-ESTOCOLMO-SAN PETERSBURGO-COPENHAGUE.

Cada uno de los lugares visitados están descritos en el apartado correspondiente al país, pero en general puedo poner aquí como aspecto general del viaje, que fue muy bueno, con un tiempo y una mar inmejorables y el barco es el que más me gusta de los Ibero Cruceros porque no es muy grande, no hay aglomeración de gente y la comida fue espectacular. Todo el mundo coincidía en ese aspecto. De todo el viaje lo único negativo fue el día de llegada, en que el avión sufrió retraso de más de 10 horas, con lo que llegamos a Helsinki de madrugada y nos perdimos toda la presentación y embarque en condiciones. Todo lo demás fue muy positivo.

2.- El segundo crucero por el Báltico fue en 2010, con Pullmantur. El itinerario era:HELSINKI-ESTOCOLMO-TALLIN-SANPETERSBURGO-GDANSK (POLONIA)- KLAIPEDA (LITUANIA). Estos dos últimos puertos eran lo nuevo y lo que más me interesaba ver. Los describo en el capítulo correspondiente a esos países.

No obstante, como ya conocíamos este recorrido, en San Petersburgo no bajamos porque era una excursión muy cara y no te dejaban bajar por tu cuenta porque se requería un visado de grupo. Total, que en el barco se estaba de maravilla, sin gente, con todo para recorrerlo a tu gusto. Esa es otra de las cosas buenas de estos viajes, cuando todo el mundo se va y te quedas con todo el barco para ti.

CRUCERO POR EL ATLÁNTICO

La fecha era el puente de diciembre de 2008 y el barco era el Poesia, de MSC.

La diferencia con los anteriores cruceros fue, en primer lugar que el barco era mucho más grande, con muchos más rincones donde protegerse de aglomeraciones de gente y todo muy bonito pero era peor a los anteriores en las comidas. Ni punto de comparación, pero bueno, no es que fueran malas sino que eran de un estilo más al gusto de los europeos. Otra pega que tenía es que no se hablaba en castellano, tenías que defenderte en inglés y solamente una hora al día había una persona que nos informaba en nuestro idioma en una mesa de una de las cafeterías.

También estuvo peor que los anteriores por el mar porque la zona del estrecho de Gibraltar es muy mala. Yo pensaba en tanta gente que se atreve a cruzarlo buscando una vida mejor en Europa y lo hacen sin medios y de cualquier manera. Si nosotros en un trasatlántico sentíamos la bravura del mar, cómo lo pasarán esas gentes. Hay que ser valientes para lanzarse así y estar muy necesitados….

El itinerario era MÁLAGA-CASABLANCA-CANARIAS-MADEIRA-MÁLAGA. En su capítulo correspondiente describo cada una de las visitas a estos lugares.

Una cosa muy buena de este viaje fue que habíamos pagado camarote interior pero quedaban libres exteriores y tuvimos la suerte de que nos asignaran uno con una buena terraza. Ese detalle fue una de las mejores cosas de este viaje porque podía estar tranquilamente viendo avanzar el barco desde la terraza. O podía leer tranquilamente sin tener que buscar ningun lugar aislado por el barco. También podía hacer meditación diaria viendo amanecer o en la puesta de sol. Fue magnífico. Y curiosamente este fue el viaje que había resultado más barato (unos 200 euros).

3 CRUCEROS POR EL MEDITERRÁNEO

1.- El primer viaje fue en marzo de 2009, aprovechando las fiestas de las Fallas de Valencia. El itinerario era: Barcelona-MÓNACO-FLORENCIA-ROMA-SICILIA-TUNEZ-BARCELONA. El barco era otra vez el Grand Voyager, así es que ya lo conocíamos. Estuvo todo muy bien y, como ya habíamos estado en Roma, estuvimos un día entero con todo el barco vacío porque toda la gente estaba de excursión.

2.- En la semana santa de 2011, hacemos este viaje de sólo 5 días en el Grand Celebration (Ibero Cruceros), saliendo desde Valencia y visitando AJACCIO (CÓRCEGA)-MARSELLA-IBIZA. Todo perfecto.

3.- Viaje en Grand Holiday (Ibero Cruceros) en el puente del 1 de noviembre de 2011, con el mismo itinerario que en el primer viaje por el Mediterráneo, sólo que esta vez tocaba puerto en NÁPOLES y ahí no había estado. Quería conocer la ciudad de Nápoles, subir hasta el cráter del Vesubio y visitar las ruinas de Pompeya. Y todo esto lo hicimos. El resto del itinerario nos limitamos a bajar a puerto y hacer turismo alternativo y por cuenta propia (Livorno y Civitaveccia), obviando las grandes excursiones a Florencia, Roma y Mónaco, con lo que esos días también tuvimos el placer de disfrutar del barco sin aglomeraciones de ninguna clase porque todo el mundo estaba fuera todo el día, mientras que nosotros a mediodía ya estabamos de regreso.

En este barco también habíamos pagado camarote interior pero, como sobraban exteriores, nos adjudicaron uno con un buen ventanal desde el que podía admirar el mar, las costas, los amaneceres y las puestas de sol. Todo un mundo de emociones a mi alcance, y por eso me gustan los cruceros, porque viajas a muchos sitios en poco tiempo, sin mover la maleta ni cambiar de hotel, pudiendo descansar o irte a leer cuando te apetece, porque tienes la habitación cerca sin tener que tomar un taxi,. o rincones aislados donde olvidarte del resto de la gente, con espectáculos todas las noches sin tener que buscar aparcamiento ni tener que comprar la entrada y con unas buenas y variadas comidas, desde el desayuno, hasta las exquisitas cenas.

El próximo: este año seguramente haré otro crucero; quisiera ir a las Islas Griegas. Este ya suele ser un poco más caro porque se ha de tomar un vuelo hasta Atenas. Hay que informarse bien porque con esto de la crisis económica……….no se si podré seguir viajando… Veremos.