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domingo, 15 de enero de 2012

COLOMBIA


COLOMBIA

He estado en Colombia solamente en una ocasión. Fue con motivo de la celebración del I Seminario de Psicología, Enfermedades Crónicas y Multidisciplinaridad, a celebrar los días 13, 14 y 15 de noviembre de 1997, por la Universidad cooperativa de Colombia, en la ciudad de Neiva.

Me habían invitado a participar para dar dos conferencias sobre mis experiencias con enfermos de Parkinson. Pero no fue porque yo fuera conocida internacionalmente por mi trabajo sino porque organizando las jornadas se encontraba mi amiga cubana y prestigiosa psicóloga Marta Martín.

El viaje lo iniciaba en La Habana porque allí se encontraba de vacaciones Marta y desde allí saldría con ella hasta la capital de Colombia, Bogotá, para tomar al día siguiente un vuelo interior que nos llevaría a Neiva, lugar del evento. Me acompañaban en el viaje a Cuba mis grandes amigos José Ten y Fernando Idáñez.

Los días que estuvimos en Cuba ya los describo en el capítulo dedicado a este entrañable país, por lo que aquí paso directamente a narrar el viaje a partir de la llegada desde La Habana al aeropuerto de Bogotá.

BOGOTÁ

La capital del país, es una gran metrópoli de más de 5 millones de habitantes. moderna y situada a gran altura (2600 m. sobre el nivel del mar), siendo la tercera capital más alta después de la Paz (Bolivia) y Quito (Ecuador).

Salimos del aeropuerto a toda prisa Marta, el Director del Hospital Salvador Allende, en donde ella trabajaba en La Habana, Fernando (Jose había decidido quedarse en Cuba) y yo. La prisa era porque Marta decía que atracaban a mucha gente en la misma puerta del aeropuerto y que ésta era una ciudad peligrosísima. Así pues, íbamos como en patinete y sin mirar a nadie; a mi me parecía una exageración pero iba corriendo también, casi sin aliento.

Nos dirigimos a coger un taxi para llegar al hotel que nos pagaba la Universidad de Neiva como invitadas que éramos a las Jornadas y puesto que no había vuelo a esa ciudad hasta el día siguiente.

Después de cenar salimos a dar una pequeña vuelta por los alrededores del hotel, cuyo nombre no recuerdo porque en esos años no recogía información de los lugares que visitaba y no hacía apenas ni fotos. Recuerdo que hacía mucho frío y que regresamos enseguida al hotel.

A la mañana siguiente volvimos a trasladarnos al aeropuerto para tomar un vuelo interior que nos llevara a Neiva. El avión que tomamos era de hélices (yo no había volado nunca en un tipo así de aparato) y todo el viaje (menos mal que fue corto) era como ir subida en un autobús que atravesaba una carretera toda llena de baches. Pensé que no llegaríamos a nuestro destino. Pero llegamos.

NEIVA, capital del Departamento de Huila.

El aeropuerto era muy pequeño y no tuvimos que pasar ningun tipo de registro. A mi me recordó una terminal de autobuses cualquiera de una ciudad pequeña.

Vinieron a recogernos de parte de la Universidad y nos llevaron a nuestros alojamientos. Teníamos reservadas habitaciones en un hotel muy agradable del centro de la ciudad pero yo prefería quedarme en el apartamento que tenía alquilado mi amiga.

Neiva es una ciudad pequeña con poco más de medio millón de habitantes. Se halla, como Bogotá, situada en los Andes y regada por varios ríos (Magdalena, Ceiba y Tono) que le dan frescor y mucha tierra fértil.

El apartamento que tenía Marta era una miniatura. Estaba compuesto de un pequeño espacio que disponía de una minicocina y mesa pero que no podía dársele el nombre de comedor ni cuarto de estar. Se comunicaba (sin puerta) con otro pequeño espacio donde cabía una colchoneta en el suelo, que era donde íbamos a dormir. El cuarto de baño era un reducto en el que apenas encontrabas lo imprescindible.

El apartamento era muy modesto, como se desprende de lo que cuento, pero no por eso era barato. Recuerdo que el precio que me dijo Marta que pagaba era al cambio el mismo que se pagaba aquí por un piso con sus habitaciones y todas las comodidades, mientras que allí no tenía ninguna (ni sofá, ni TV, ni electrodomésticos). Pero eso sí, se encontraba dentro de un recinto cerrado y con vigilancia las 24 horas del día.

No importaba la falta de comodidades porque a este cuarto vendríamos solamente a dormir ya que hacíamos toda la vida fuera, entre la universidad, visitas a casa de los profesores, excursiones y paseos por la ciudad, comiendo su rica comida y tomando sus espectaculares zumos de todas las frutas más exóticas que se pueda imaginar.

Tengo recuerdos magníficos de los días que pasé en Neiva. La gente era muy amable conmigo y me tenían en gran consideración. Me hicieron unas cuantas entrevistas para la televisión local y para los periódicos y otros medios de comunicación. Los estudiantes me asaltaban por los pasillos y me hacían preguntas de todo tipo, tanto de psicología como de España, pero sobre todo me preguntaban sobre mi opinión respecto a su ciudad y sus gentes. Yo no podía decir nada aparte de lo bien tratada que me sentía y lo amables que eran todos conmigo.

Todo el profesorado nos acogió también de manera muy cordial. Nos invitaban a a sus casas. Eran sencillas y nada que ver (como tampoco su sueldo) con la casa que puede tener un profesor universitario de aquí. Recuerdo una fiesta que nos brindaron un día en una de estas casas en donde lo pasé muy bien bailando cumbia con esta gente que bailaba como verdaderos profesionales, uno de los mejores era el Decano.

El Rector de la Universidad fue muy amable con todos los invitados participantes del evento. Nos invitó a una comida pantagruélica en el mejor restaurante de la ciudad; nos recibió en su despacho y nos ofreció un montón de regalos (todavía conservo el grupo de figuritas de barro de los músicos de la banda de la Universidad y un libro de García Marquez “Noticia de un secuestro” dedicado con mucho afecto) y organizó una fiesta de clausura del Seminario con bailes regionales que terminó en un baile multitudinario en donde participó todo el mundo “desmelenándose” (hasta los profesores más aburridos bailaron como posesos).

Con respecto a la parte científica tengo que decir que fue un éxito y que se presentaron trabajos interesantes. La psicóloga chilena, Marcela Lechuga, dio una conferencia sobre la ayuda al moribundo que fue antológica. Yo, por mi parte, presenté mi experiencia con los enfermos de parkinson impartiendo dos conferencias que no fueron de lo mejor del evento pero tampoco de lo peor. Pero la mejor conferencia, si no en el plano científico sí en el más humano, sin duda fue la que impartió nuestro amigo Fernando Idañez. Habló como enfermero que es de profesión pero, sobre todo, habló como paciente en este caso por haber sufrido un cáncer que ya ha superado pero que, en esas fechas, era un evento que provocaba en él profundos y dolorosos sentimientos. Pero su presentación fue tan inteligente, tan sutíl y llena de humor, que todo el auditorio le escuchó absorto hasta el final, aplaudiendo de pie durante varios minutos.

Por otra parte, aunque la universidad no era lujosa sí disponía de medios tecnológicos y todas las conferencias se entregaron a los participantes en formato digital. Y con respecto al tema económico, cumplieron plenamente con lo estipulado y yo recibí un abono con el que se me pagaba de sobra el viaje y la estancia en Colombia. Era la primera vez que yo viajaba con todos los gastos pagados.

Excursiones : hicimos varias por los alrededores, invitados por los profesores y si no hicimos más (al desierto, a la selva, a visitar los restos arqueológicos de San Agustin) fue porque no quisimos nosotros tanto movimiento, cosa de la que ahora me arrepiento.

Fuimos un día a visitar el parque nacional que era un lugar paridisíaco. El río era inmenso y allí subí por primera vez en una moto acuática que viajaba a gran velocidad, conducida por una de las profesoras, y que me permitió admirar paisajes maravillosos con los Andes de fondo en el horizonte. Fue una experiencia única. Al anocher cenamos en unas plataformas sobre el agua, donde escuchábamos música y podíamos charlar bajo la débil iluminación de velas estratégicamente colocadas.

Cerca de allí pudimos visitar diferentes pueblecitos, como Yaguará, en donde entramos a una pequeña iglesia muy sencilla y muy blanca, con muy poca ornamentación y muy diferente a las iglesias de aquí.

Otra excursión que recuerdo con especial cariño es la que hicimos a unas Termas que había a la salida de Neiva. Fuimos por la noche y recuerdo ese lugar como un espacio misterioso, seguramente provocado por los rumores que había de que allí bajaban a veces a darse un baño los guerrilleros que se escondían por esas montañas.

Pero lo que recuerdo con especial emoción es la visita que hicimos a una comunidad asentada en las afueras de Neiva. Alli vivía gente en la más absoluta miseria. Eran personas que habían sido “desplazadas por la violencia” como allí se conoce a los que han tenido que abandonar sus casas a causa del conflicto armado que vive Colombia desde hace más de 50 años, por los enfrentamientos entre militares, paramilitares y la guerrilla.

Comunidades de Villamagdalena y Comuna 9

La oportunidad de conocer esta realidad nos la brindó una de las profesoras de la Universidad especialmente sensibilizada con este problema. Pero me advirtió que debíamos ir acompañados por alguien que nos guiara por ese lugar porque de lo contrario podría ser peligroso.

El guía que nos acompañó resultó ser un antiguo sicario metido ahora a voluntario solidario, una especie de sacerdote pero que no pertenecía a ninguna orden religiosa. Era un hombre joven, un poco misterioso. Del hecho de que hubiera sido sicario nos enteramos cuando ya había finalizado la visita a la comuna y después de habernos perdido por el monte. Pasamos un buen susto hasta que pudimos ver a lo lejos las luces de la ciudad.

La visita a este lugar fue impactante para mí. Yo tenía idea de lo que significaba “desplazado por la violencia” y quería conocer de cerca esta realidad para mostrarla aquí e intentar conseguir algun tipo de ayuda mediante proyectos de desarrollo que pudieran paliar tanta miseria.

El lugar estaba habitado por más de 5000 personas sin ningun tipo de protección social y formando una especie de gueto del que no podían salir. No había ni escuela ni alcantarillado y las casas eran chabolas con techos de uralita o de cualquier otra cosa que yo no supe identificar. Por supuesto sin electricidad ni agua corriente.

Los niños iban por ahí, sin nada que hacer y abandonados a su suerte. Algunos ya adolescentes se bañaban en el río Magdalena pero había algo que me llamó poderosamente la atención: se tiraban desde la cima de un acantilado de altura considerable. Cuando tocaban agua había un regocijo general pero a mi se me encogió el corazón porque el peligro que rodeaba ese espectáculo era evidente.

Seguimos nuestro recorrido con el cura-sicario y escuchamos voces y gritos : uno de los muchachos que se tiraban desde lo alto del acantilado se había matado en el intento y el rio se llevaba su cuerpo por la corriente sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.

Ese hecho me dejó helada porque yo no concebía que pudiera morir un adolescente de una forma tan estúpida y sin que se tomara como una gran tragedia y apareciera por allí una ambulancia, equipos de rescate, yo que se…el caso es que se mató ante una total indiferencia. Yo ya no pude ver nada más porque mis ojos estaban tan llenos de lágrimas que ya no podía enterarme de nada.

Después supe que muchos niños y niñas desaparecían de la comuna, raptados para la prostitución o para el comercio de órganos. Una cosa es saberlo en teoría y otra es ver a los protagonistas tan cerca de ti y tan cariñosos, mostrándote sus pequeñas pertenencias como si fuera un tesoro. Algunos niños pequeños permanecían en sus cunas fuera de las casas y bajo montañas de tierra y basura que podía caérseles encima como consecuencia de lluvias torrenciales, fenómeno atmosférico bastante normal en estos lugares.

Conocimos a uno de los líderes de la comuna, Napoleón se llamaba. Quedé con él en que me enviaría microproyectos para ver si yo podía conseguir financiación. Ya había algunos en marcha gracias al cura-sicario.

Terminó la visita, como dije antes, perdiéndonos por el monte pero finalmente encontrando la ciudad.

Esta visita fue una experiencia traumática para mí y quise transformarla en un proyecto que yo pudiera llevar a cabo para mejorar la vida de estas personas.

La profesora que nos había acompañado me llevó a revelar el carrete de fotos que hice para poder presentar junto a los proyectos que me enviaran desde la comuna.

Después, ya en Valencia, la realidad fue muy distinta a lo esperado porque no pude conseguir que saliera adelante ninguno de los proyectos que me enviaron en un gran paquete. Yo les escribí dándoles información del tipo de proyectos que podíamos presentar en las convocatorias de aquí pero ya no obtuve más respuestas y sí algunas informaciones contradictorias sobre que el cura-sicario les había cobrado por cada proyecto que a mí me habían enviado. Estas informaciones me dejaron completamente bloqueada y ya no supe más de nadie de allá, sintiéndome yo absolutamente inútil y frustrada.

Regresamos a La Habana desde Bogotá después de haber pasado un incidente en el aeropuerto bastante desagradable pues nos registraron hasta con perros policía y cachearon haciéndonos sentir como auténticos delincuentes. Fue un respiro poder coger el avión que nos devolvió a Cuba.

No puedo hablar de una única emoción concreta en Colombia porque fueron muchas y muy contradictorias. Por una parte la belleza del país y la amabilidad de toda la gente que allí me recibió. Por otra parte la gran satisfacción profesional de impartir mis dos conferencias con éxito. Y frente a estas dos emociones positivas, tengo siempre presente la vida inhumana de tanta gente en la Comuna 9, en esas condiciones de miseria; aquel muchacho muerto ante tanta indiferencia, la vida sin futuro de tantos niños y niñas; y mi incapacidad para conseguir alguna ayuda que paliara esa situación de injusto sufrimiento.------------------------------------------------------------------------------



domingo, 1 de enero de 2012

ALEMANIA-Berlín. Tercer viaje




Tercer viaje

Esta vez el motivo del viaje era visitar en Berlín a unos amigos que estaban viviendo en la ciudad universitaria disfrutando de una beca. El viaje lo hicimos en octubre de 2009.

Salimos en coche de Valencia a Madrid y lo dejamos en el parking de larga estancia que se encuentra al lado de Barajas. Allí teníamos que coger el avión hasta Zurich (volábamos con Swiss Air) y de allí otro vuelo hasta Berlín. En fín, todo el día de viaje porque, aunque no hubo retrasos en los vuelos, salíamos de Valencia a las 8 de la mañana y llegábamos a Berlín sobre las 10 de la noche.

No obstante los vuelos fueron tranquilos y llegaron todas las maletas (cosa que no siempre ocurre). El único incidente lo tuvimos en el aeropuerto de Zurich, en donde nos informaron mal sobre el pasillo a tomar para hacer la conexión y el grupo se dividió en dos. Menos mal que existen los teléfonos móviles. Gracias a ellos nos reencontramos sin problemas.

BERLÍN

Cuando llegamos al Hotel Winter´s, donde teníamos reservadas habitaciones, nos encontramos con la agradable sorpresa de que no había ninguna libre y nos asignaron apartamentos en el mismo complejo hotelero. Los apartamentos no eran lujosos pero estaban equipados con su cocina, microondas e incluso una habitación más. Por otra parte, desde el gran ventanal, podíamos ver un frondoso bosque.

Al día siguiente, aprovechamos todo el tiempo de luz y tuvimos la suerte de que hiciera buen día. Fue el único porque el resto de los días llovió bastante de forma intermitente y los paseos no quedaban muy lucidos.

Ya los alrededores del hotel eran magníficos, un bosque, con caminos asfaltados para la gente que deseaba correr, puntos de juegos de niños y casitas con jardines y flores por todas partes.

Este primer día fuimos en metro hasta la estación en donde nos esperaba la pareja a la que íbamos a visitar y nos condujeron caminando hasta el Instituto Max Planck, en donde vivían.

Toda la zona era preciosa, con casas acogedoras y jardines frondosos. El instituto donde se hallaba su apartamento era un remanso de tranquilidad con unos contrastes de colores entre los edificios y los diferentes tonos de verdes, rojos y ocres de la vegetación.

Después de visitar el apartamento, en silencio porque así lo requería el lugar, nos marchamos hacia el Jardín Botánico. Muy cuidado y con rincones preciosos como para pasar allí el día completo, solamente pudimos hacer un corto paseo y llegar hasta el gran invernadero. No nos dio tiempo de llegar al lugar en donde están los nenúfares gigantes y las plantas carnívoras por las que sentíamos cierta curiosidad.

Saliendo del Jardín, fuimos paseando por espléndidos paseos llenos de castaños y avellanos, con estos frutos secos tirados por los suelos junto a millones de hojas de color marrón y ocre haciendo de alfombra. En algunos jardines de las casas, se veían grandes cajas llenas de castañas, junto a gigantescas hortensias y otras flores de distintos colores. Las calles son un verdadero vergel.

Comimos en un bar a la entrada del metro unos buenísimos bocadillos y seguimos el recorrido. Nos dirigimos al centro del antiguo Berlín comunista: plaza Alexander (en donde hay un alto edificio acristalado desde cuya terraza se lanza gente practicando un deporte que no se que nombre tendra)

y la torre de televisión (el edificio más alto de Berlín, en cuya cumbre hay un restaurante y se puede divisar la ciudad entera. Hacemos un rato de cola pero no llegamos a entrar. Nos dan hora para mañana y, finalmente, subirán mis compañeros de viaje mientras yo me quedo en la base contemplando una manifestación que parece pro-nazi).

Saliendo de este “pirulí”, fuimos caminando por grandes avenidas, en donde nos topamos con la Catedral, la mayor iglesia protestante construída en el siglo XIX, coronada con una cúpula imponente a 75 metros del suelo. No conseguimos entrar dentro porque era tarde y estaba cerrada.

Continuando nuestro paseo, pasamos por delante de la Iglesia de Santamaría, junto a bonitos jardines que preceden al Ayuntamiento Rojo (conocido así por el color de sus ladrillos), en los cuales encontramos unas grandes esculturas de Marx y Engels abandonadas ahí en medio, sin una sola luz que las iluminara y que conseguimos fotografiar gracias al flash de nuestras cámaras en medio de la más absoluta oscuridad.

Por ese gran paseo que introduce en el famoso paseo de los Tilos, pasamos por la insigne Universidad de Humboldt, donde impartió clases Einstein y a donde antes habían acudido como alumnos Marx y Engels; pasamos por el edificio de la Ópera, dejamos a la izquierda una inmensa plaza en cuyo fondo se encuentra la catedral de Santa Eduvigis; decenas de edificios de elegantes fachadas neoclásicas, que no sabemos identificar pero que le dan a la avenida un aire muy distinguido.

Agotados de tanto caminar, entramos en un buen restaurante a cenar y nos sorprendió que la cuenta no resultara diferente a la que podemos pagar aquí en cualquier restaurante sin pretensiones. Allí algunos probaron las famosas salchichas que sirven en una grandes ollas blancas, y que yo por supuesto ni olí.

Al salir de cenar, continuamos por el Paseo de los Tilos (Avenida Unter Den Linden) hasta acabar en el edificio más emblemático de Berlín: la Puerta de Brandeburgo, coronada por la diosa de la Victoria y sus cuatro caballos con el carro del triunfo.

La diosa mira hacia el Berlín Este y por detrás de esta grandiosa puerta pasaba el Muro de Berlín, (según se puede apreciar en fotografía de la época) desde 1961 hasta 1989.

Cerca de este lugar, ya en lo que era Berlín Oeste, hay amplios jardines que adorrnan el edificio del Parlamento Alemán (Reichstag), cuya cúpula de cristal puede ser visitada para observar la ciudad.

Nosotros no subimos y nos quedamos descansando por estos bonitos jardines, en donde se deplegaban multitud de pancartas ecologistas en un día en que muchas ONG alemanas aprovechaban el atractivo turístico del lugar para presentar sus reivindicaciones con acciones y representaciones lúdicas muy simpáticas. Gran cantidad de bancos esparcidos entre el césped y los árboles, nos invitaron a comer allí mismo unos bocadillos comprados en cualquiera de los puestos que hay por toda la ciudad.

Otro día lo dedicamos a visitar parte de la ciudad del antiguo Berlín Oeste: Posdamer Platz, el centro lleno de tiendas de lujo, con hoteles, grandes centros comerciales, edificios de arquitectura al último grito y donde nos sorprendió los restos de la antigua Iglesia Conmemorativa del Kaiser , que fue bombardeada durante la guerra y es todo un símbolo de la destrucción. Pero en lugar de demolerla por completo, dejaron esta torre y construyeron al lado unos edificios de lo más modernos, conocidos popularmente como la barra de labios y la polvera. En la “polvera” hay un pequeño altar y se ofician misas al parecer; en la “barra de labios” hay en su base una tienda de Comercio Justo. Todo este conjunto, visto por la noche, es impresionante. Los colores azulados de las cristaleras y el triste fragmento de iglesia destruída resulta emocionante.

Cerca de este conjunto, se halla la famosa escultura plástica Berlín, símbolo de la ciudad y que figura al comienzo de esta página.

Otra visita de interés especial es la que hicimos a la Isla de los Museos. Sabíamos que en alguno de ellos estaba el busto original de Nefertiti, pero no llegamos a saber en cual era. El museo que sí visitamos y que resultó todo un descubrimiento, fue el de Pérgamo. Allí pudimos admirar el Altar de Pérgamo, impresionante; una puerta de Mileto, maravillosa, y la puerta de Ishtar, una de las puertas de Babilonia. Indescriptible y único todo el conjunto.

Otro lugar que visitamos y que merece la pena fue la plaza en donde se encuentran dos catedrales exactas, una parece el espejo de la otra. Son la catedral francesa y la alemana y entre ellas un edificio neoclásico magnífico llamado el Mercado de los Gendarmes, hoy teatro de conciertos.

El último día lo dedicamos a conocer la ciudad de:

POSTDAM

La capital del estado de Brandemburgo, es conocida como el Versalles alemán porque ahí se encuentran los palacios de descanso construidos por el rey Federico II. Está a solamente media hora de Berlín y se puede llegar por el mismo metro o trenes de cercanías, que funcionan muy bien (aunque por la noche es fácil encontrar a gente con botellas de cerveza en la mano y completamente borrachos).

Nada más salir de la estación, hay diferentes autobuses turísticos que ofrecen por un módico precio una visita guiada por los palacios más espectaculares y conocidos. Tomamos uno de ellos porque no hay tiempo material de visitar esos lugares caminando además de que se puso a llover insistentemente y con fuerza.

Visitamos varios Palacios, entre ellos el más conocido es el de Sanssouci. Pudimos hacerlo solamente por fuera además de ver sus magníficos jardines y columnata en semicírculo con vistas a las antiguas ruinas romanas al fondo.

El último lugar visitado fue el Castillo Cecilienhof, que es una moderna residencia señorial a orillas del lago Heiliger See y en un estilo de flamante cottage inglés. Con cuidados jardines y hiedra o parra que toma un fuerte color rojo trepando por las paredes, contrasta con el verde intenso de los bosques que rodean este precioso espacio. Lástima que un lugar tan bello sirviera de punto de reunión de “los tres grandes”: Churchill, Truman y Stalin, para firmar la Declaración de Postdam, repartirse el mundo y decidir lanzar las bombas atómicas que devastaron Hiroshima y Nagashaki.

De vuelta a la ciudad, el autobús nos paseó por las tranquilas calles de Postdam, narrándonos los auriculares los años del dominio soviético, y viendo las buenas casas que habitaban sus militares. Acabamos por el barrio holandés y unas preciosas puertas de la ciudad muy bien conservadas.

Como el día era muy frío, ventoso y lluvioso, en el mismo autobús regresamos a la estación en lugar de quedarnos a pasear por esta tranquila ciudad.

El tercer viaje a Alemania, en general, ha sido muy agradable, los lugares visitados han merecido la pena. Realmente Berlín ofrece mucho más de lo que esperábamos.

Lo que más me emocionó del viaje: la puerta de Brandeburgo y la iglesia conmemorativa del Kaiser, por su belleza y también por todo lo que representan.

El regreso a Valencia resultó un poco accidentado porque el vuelo de Berlín a Frankfurt resultó muy desagradable por las fuertes turbulencias. Una de ellas nos hizo creer que el avión iba a caer.

De Frankfurt a Madrid bien, sin incidencias. Pero cuando llegamos a Madrid tuvimos que cruzarlo y pasar por la Castellana y Cibeles ¡en plena hora punta!.

No se podía esperar menos de un regreso a casa en ¡ martes y 13!

ALEMANIA-Crucero por el Rhin. Segundo viaje


ALEMANIA

Segundo viaje

Fue en otoño de 1998. El motivo: visitar a una amiga que se encontraba estudiando en Kaiserslautern con una beca Erasmus. El viaje fue en coche, sin problemas y por unas excelentes y señalizadas carreteras.

1.- KAISERSLAUTERN, verde ciudad universitaria

Situada en el Suroeste de Alemania, en la región de Renania Palatinado, esta pequeña ciudad disfruta de una reputada tradición universitaria de carreras tecnológicas.

La ciudad universitaria era moderna, funcional, con edificios de colores de pocas plantas, emergentes entre árboles de diferentes colores dentro de la amplia gama de verdes y ocres. Una preciosidad digna de ser plasmada en un cuadro.

En estos pisos vivían estudiantes de muchas nacionalidades y todo resultaba muy alegre. Llamaban a esta zona llena de vida estudiantil Legoland. Nunca supe si era el nombre general, por el que los que la habitaban la conocían o si era un nombre oficial. Da igual, porque realmente representaba el nombre muy bien el lugar. Parecía que estabas sumergida en un parque de Lego.

Muy cerca de allí, dentro de la ciudad, o mejor, por todas partes, te veías rodeada de verdes y frondosos parques que en realidad eran bosques. Recuerdo uno por el que nos adentramos y tal era la frondosidad que no podías ver la luz del poco sol que brillaba ese día. Si me quedaba rezagada en cualquier rincón podía imaginar, sin problema alguno, que estaba en el lugar más aislado del planeta. Sólo rodeada de verde vida y silencio.

Además de sus bosques y de su famoso jardín botánico, la ciudad cuenta con muchas calles peatonales, muy agradables para pasear o sentarse en alguna terraza a tomar una buena cerveza.

Actualizándome en internet, me entero de que esta zona cuenta con importantes bases militares americanas (toda una pena) y que es famoso el jardín japonés (dentro del jardin botánico), por ser uno de los más grandes de Europa.

Otra curiosidad es que la ciudad fue cuna del emperador conocido como Barbarroja.

Pero ya no es posible visitar sus castillos porque fueron arrasados durante las sucesivas guerras que esta región padeció. Es una lástima porque, si estamos hablando del Barbarroja que inspiró los famosos y tenebrosos cuentos, sería una atracción turística la misteriosa puerta que no debían abrir sus desgraciadas esposas.

Lo que si es una verdadera atracción y emblema de la ciudad, es su equipo de fútbol. Pero como ni a mí ni a nadie del grupo nos interesaba nada este deporte, no nos tomamos la molestia de visitar lugares que tuvieran relación con el tema.

2.- Crucero por el RHIN

La imagen romántica de un crucero por este gran río, se vio confirmada por la niebla que todo lo envolvía y que te sumergía en un mundo irreal hacia parajes desconocidos. La única pena es que se trata de una travesía corta, de unas pocas horas, en un barco sin restos de romanticismo y con una parada corta en deterrminadas ciudades, con el tiempo justo para dar una media vuelta y volver al barco de nuevo.

Pero valía la pena porque las ciudades donde parábamos eran muy bonitas, con las típicas casitas alemanas llenas de flores en sus balcones. Es el caso de las ciudades de Bacharac, St. Goar y Oberwesel.

Además de estas visitas cortas, merecía la pena recrearse en el paisaje que bordea el río: espesos bosques, laderas con diferentes tonos de verde y montes salpicados de pequeños pueblos, con su típica iglesia puntiaguda y coronados, en muchas ocasiones, de restos de antiguos castillos.

Es muy famosa la escultura de Loreley, sobre un montículo desde el que observa el valle y el río.

La niebla había ido levantando y pudimos disfrutar al final de este recorrido impregnado de bellos colores y paisajes.

Este itinerario se puede hacer desde muchos puntos de Alemania por allá por donde transcurra este gran río. Tengo entendido que todos los tramos son bellos. A mí, desde luego, el que hicimos no me decepcionó y recomiendo que lo haga cualquier viajero que visite la zona. El billete es barato y hay muchos barcos que hacen el recorrido, por lo que no hay ningun problema en conseguir hacer este viaje del que no se arrepentirán.

3.- HEIDELBERG, la ciudad del castillo y el puente.

Ciudad importante situada al suroeste y que posee la Universidad más antigua de Alemania.

Hay que destacar su famoso castillo, que es el más importante de Alemania según dicen algunas guías turísticas.

Hay una típica postal de esta ciudad, la encuentras en todos los quioscos y es la que presentan siempre los reclamos turísticos: una vista aérea del río, con su puente, y una verde colina coronada por su famoso gran castillo. Rodeando todo: bosques y más bosques.

Es una bonita ciudad, lástima que el recuerdo más fuerte que de ella conservo es el de la lluvia, incesante y muy fuerte, que nos caló hasta los huesos y que apenas nos permitió visitar nada.

4.- TREVERIS (en alemán Trier) y la Porta Nigra.

Ciudad situada en el Suroeste de Alemania, cerca de la frontera y a orillas del río Mosela. Es considerada la ciudad más antigua de Alemania y declarada toda ella Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La ciudad donde nació Carlos Marx es pequeña y de una gran belleza. La plaza del ayuntamiento es muy agradable y está llena de puestecitos, dando paso a otra plaza que alberga la catedral, pieza arquitectónica que recuerdo original y de una gran dignidad.

Pero lo que es verdaderamente hermoso y no tiene parangón es una puerta romana magnífica, perfectamente conservada y con un color gris ennegrecido por el tiempo que me imagino será la causa de ese nombre misterioso (puerta negra). Sólo por recrearse observando esta puerta, que recuerda a un circo romano en pequeño, merece la pena visitar esta ciudad.

Después de la visita, pudimos pasear por los numerosos parques y espacios verdes que salpican la ciudad y que parece ser la norma general en todos los pueblos y ciudades alemanas.

ALEMANIA. Primer viaje


ALEMANIA

(Deutschland)

Primer viaje

La primera vez que estuve en Alemania fue en el verano de 1972. Lo hice aprovechando mi estancia en la Universidad Libre de Bruselas, en donde realizaba un curso de lengua y literatura francesa.

El motivo de la escapada de fin de semana, fue la visita a un hermano de un compañero de curso que allí estaba trabajando (como tantos españoles que durante años tuvieron que emigrar a los países ricos a ganarse la vida y salir de la miseria en que vivía gran parte de la población española).

Lo primero que llamó mi atención, fue la inmensidad de las autovías (comparadas con las carreteras de aquí), con tres o cuatro carriles como mínimo. Además estaban llenas de señalizaciones y de áreas de servicio.

Lo segundo que me llamó la atención fue la limpieza de las ciudades, su pulcritud y…..lo antipática que era la gente con nosotros, extranjeros y de la Europa pobre (nisiquiera éramos de Europa, politicamente hablando, claro).

Nuestro destino era Wuppertal, una ciudad al Noroeste de Alemania, en la región de Renania Norte.

1.- WUPPERTAL y su tren colgante.

Era una ciudad joven y moderna. Se podía observar en ella edificios altos y acristalados, amplias avenidas y agradables calles peatonales adornadas con flores. Pero lo más llamativo era su tren colgante, que cruzaba por diferentes puntos de la ciudad y se deslizaba, en muchos tramos, suspendido en el aire sobre el río.

Buscando hoy en Internet datos sobre aquella ciudad que hace tantos años visité, resulta que me encuentro con que todavía sigue siendo este tren colgante (llamado Schwebebahn) su principal atractivo turístico.

Una curiosidad sobre este lugar es que aquí nació el filósofo revolucionario Frederick Engels, cuando todavía esta ciudad no tenía el nombre de hoy y pertenecía a Prusia.

La emoción más destacable que me dejó este viaje, fue la vida tan difícil de los emigrantes españoles en Alemania. Apenas tenían muebles en la casa donde vivían, no salían a divertirse ni se relacionaban con los alemanes. Sólo vivían para trabajar, ahorrar y volver a España.

2.- COLONIA y su catedral

Aprovechando este mismo viaje, nos desplazamos hasta esta bonita ciudad a orillas del Rhin.

No recuerdo nada más de ella que su catedral. Se levanta inmensa y majestuosa, con sus torres de aguja apuntando al cielo, te transmite un sentimiento poderoso que te clava al suelo y que te impide moverte y dejar de mirarla.

Sólo por admirar la catedral, ya merece la pena la visita a Colonia.

Buscando hoy en internet para actualizar información, me entero de que esta bellísima joya fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996. También me entero de que, aunque empezó a construirse en 1248, no se finalizó hasta 1880. Y otro detalle: dicen que en ella se encuentran enterrados los tres Reyes Magos, que fueron trasladados desde la catedral de Milán. No se si esta información tiene como objetivo conseguir que la catedral se convierta en un punto de peregrinaje (sobre todo de niños).

De este primer viaje no tengo ni una sola fotografía. Por aquellos años era un lujo y yo iba en plan de estudiante sin un céntimo encima.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Introducción: El placer de viajar


Estas páginas son un recopilatorio de mis viajes preferidos, haciendo especial hincapié en lugares en donde haya experimentado una emoción digna de relatar o donde haya descubierto alguna particularidad que merezca la pena resaltar.

Se trata, sobre todo, de un ejercicio de recuperación mental, de una especie de nuevo viaje con la imaginación para encontrarme con esos lugares que me hicieron sentir una emoción especial y que ya casi han quedado olvidados pero resguardados en un album de fotos.

El orden escogido es el que dicta el alfabeto porque no he querido separar los países por continentes, bastantes fronteras nos separan ya. El orden alfabético marcará el lugar que ocupa cada país en el texto y las emociones provocadas o lugares especiales, ocuparán un breve espacio al final. Así, habrá países de los que apenas hablaré porque o bien fue un viaje que realicé hace muchos años y apenas reparé en él; o bien la memoria me juega malas pasadas y casi confundo lugares y tiempos (sobre todo si no hice acopio de fotografías, tarjetas postales, diario de viaje o cualquier otro papelito-souvenir).

Quiero destacar que la mayoría de los viajes, los he podido hacer durante un breve período de tiempo solamente. Un mes máximo a causa de que ese es el tiempo de duración de mis vacaciones. Esa es una de las malas consecuencias de tener que trabajar ¡qué le vamos a hacer! Cada cual carga con sus limitaciones y las necesidades que nos autoimponemos.

La buena noticia es que un mes al año (se le puede sumar alguna semana más por fiestas especiales como semana santa o navidades) dan para mucho. Al menos a mí me ha servido para enriquecer mis experiencias y eso es de lo que aquí deseo dejar constancia.

La psicología de la salud aconseja ofrecer bellas imágenes al cerebro y, si puede ser, salir al menos una vez al año de la rutina, apartarse de lo conocido para encontrarse con lugares desconocidos.

Por esto he viajado y ahora hago este ejercicio personal de gimnasia mental recuperando esos recuerdos; pero deseo compartirlos, por eso lo dejo escrito.

Deseo y espero que estos apuntes sirvan como una guía de viaje más para quienes se desplacen a algunos de los países que se citan y, para quienes no sientan deseos por viajar, despierte su curiosidad.